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miércoles, 15 de mayo de 2013

Ray Charles y la ignorancia.

No creo que haya una persona que deteste tanto la ignorancia, hasta la mía propia, como yo. Tanto así que siempre intento que todo lo que diga sea entendido, y hago al menos el esfuerzo para ello si veo que hay predisposición por la otra parte claro, porque a veces es imposible. Pero sin embargo reconozco que la ignorancia de otros a veces me ha beneficiado y en muchos casos sin buscarlo. El caso que más recuerdo es el de un concierto de nada menos que Ray Charles. El genio ya fallecido vino hace muchos años a Tenerife, y fue la primera y la última que estuvo en Canarias. Lo conocía pero era casi adolescente y para mí fue un poco aventura trasladarme a 30 kilómetros de donde vivía para verlo, pero tenía un inconveniente: no tenía dinero para la entrada. Me conformaba con oírlo por fuera. Tuve la suerte de que antes de Ray Charles tocaba un grupo local horroroso y una pareja salió aburrida y me regaló la entrada. Me da a mi que no tenían ni idea de lo que se iban a perder, pero aquel concierto fue de los mejores que he visto en mi vida, y he visto muy buenos también en ese estilo como a Miles Davis y Oscar Peterson, todos fallecidos y también fantásticos, pero el de Ray fue una maravilla. Muchos años después estaba en un ''ciber'' y leyendo la prensa virtual me enteré que había fallecido. Salí del 'ciber' y no pude evitar decirle a una pareja que pasaba por la calle, y que no conocía, que se había muerto Ray Charles. Fue algo instintivo que me trasladó a ese otro momento de la otra pareja que muchos años atrás me había regalado una entrada para verlo; como una especie de intento inconsciente de enmendar aquella ignorancia que me benefició. En este caso la chica de la pareja sí sabía quien era Ray y los dos nos miramos con complicidad sin conocernos y ella contestó con media voz muy sentida: ''Joer qué putada''. Ya lo creo le contesté, yo lo vi aquí mismo en La Laguna hace un montón de años...

domingo, 5 de mayo de 2013

Soledad.


La noche es noche porque si pertenece a una intranquilidad es a la interna, a no ser que vivas en el medio de una ciudad que nunca duerme. La soledad es nocturna. A algunos por eso les gusta estar acompañados a esas horas, incluso les aterra no estarlo. Pero siempre, te guste o no, debes enfrentarte con tu soledad, así que es mejor estar acostumbrado. Con la soledad, con la oscuridad y con la noche. Y ojalá fuera la ''Noche Oscura'' de la que hablaba Juan de la Cruz.
En cierto momento andaba yo en un barco algo somnoliento y mareado intentando que la brisa marina me relajara un poco. El trayecto no era largo y tampoco andaba el mar demasiado revuelto, pero yo sí andaba un tanto revuelto interiormente tumbado boca arriba sobre un banco de madera de la cubierta. Apareció una muchacha y se sentó a mi lado. Casi no hablaba, era yo el que le hablaba sin parar. Le regalé hasta una copa que llevaba encima por no sé qué extraño motivo que no recuerdo. Después de varias horas disfrutando de su compañía serena, casi silenciosa si no fuera porque de vez en cuando asentía con la cabeza o respondía con algún monosílabo, y sobre todo de su belleza, al despedirse me dijo sólo dos cosas: que era uruguaya y se llamaba Soledad. Sin lugar a dudas tomé aquella experiencia también como un metáfora.