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domingo, 5 de mayo de 2013

Soledad.


La noche es noche porque si pertenece a una intranquilidad es a la interna, a no ser que vivas en el medio de una ciudad que nunca duerme. La soledad es nocturna. A algunos por eso les gusta estar acompañados a esas horas, incluso les aterra no estarlo. Pero siempre, te guste o no, debes enfrentarte con tu soledad, así que es mejor estar acostumbrado. Con la soledad, con la oscuridad y con la noche. Y ojalá fuera la ''Noche Oscura'' de la que hablaba Juan de la Cruz.
En cierto momento andaba yo en un barco algo somnoliento y mareado intentando que la brisa marina me relajara un poco. El trayecto no era largo y tampoco andaba el mar demasiado revuelto, pero yo sí andaba un tanto revuelto interiormente tumbado boca arriba sobre un banco de madera de la cubierta. Apareció una muchacha y se sentó a mi lado. Casi no hablaba, era yo el que le hablaba sin parar. Le regalé hasta una copa que llevaba encima por no sé qué extraño motivo que no recuerdo. Después de varias horas disfrutando de su compañía serena, casi silenciosa si no fuera porque de vez en cuando asentía con la cabeza o respondía con algún monosílabo, y sobre todo de su belleza, al despedirse me dijo sólo dos cosas: que era uruguaya y se llamaba Soledad. Sin lugar a dudas tomé aquella experiencia también como un metáfora.  

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