La
noche es noche porque si pertenece a una intranquilidad es a la
interna, a no ser que vivas en el medio de una ciudad que nunca
duerme. La soledad es nocturna. A algunos por eso les gusta estar
acompañados a esas horas, incluso les aterra no estarlo. Pero
siempre, te guste o no, debes enfrentarte con tu soledad, así que es
mejor estar acostumbrado. Con la soledad, con la oscuridad y con la noche. Y ojalá fuera la ''Noche Oscura'' de la que hablaba Juan de la Cruz.
En
cierto momento andaba yo en un barco algo somnoliento y mareado
intentando que la brisa marina me relajara un poco. El trayecto no
era largo y tampoco andaba el mar demasiado revuelto, pero yo sí
andaba un tanto revuelto interiormente tumbado boca arriba sobre un
banco de madera de la cubierta. Apareció una muchacha y se sentó a
mi lado. Casi no hablaba, era yo el que le hablaba sin parar. Le
regalé hasta una copa que llevaba encima por no sé qué extraño
motivo que no recuerdo. Después de varias horas disfrutando de su
compañía serena, casi silenciosa si no fuera porque de vez en
cuando asentía con la cabeza o respondía con algún monosílabo, y sobre todo de
su belleza, al despedirse me dijo sólo dos cosas: que era uruguaya y
se llamaba Soledad. Sin lugar a dudas tomé aquella experiencia
también como un metáfora.
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