Vistas de página en total

sábado, 30 de marzo de 2013

PALABRAS NO PARA JULIA.

-->
    Parece ser que el diseñador Paco Rabanne dice que vio a Dios a los 26 años. Lamentablemente si tomamos en cuenta que fue el mismo que dijo hace unos años que París iba a ser arrasada por un meteorito con una supuesta total seguridad como la que dice tener sobre esto, no se hace muy creíble que digamos la primera afirmación. No obstante si él lo cree seguro le es muy útil. En algunos momentos vividos te sientes como dice el poema de Goytisolo y canción de Ibañez perdido y solo, así que esos consuelos seguro son de lo más reconfortantes. De un tiempo para acá controlo más mis emociones; no me derriban del todo. Digamos que he aprendido, o más bien adquirido, cierto estoicismo muy útil. Hace unos años le extirparon unos bultos a mi madre del útero, y como estamos tan unidos fue casi como si me los extirparan a mi. Por suerte no eran cancerosos, pero al contrario de sentirme abatido experimenté nuevas sensaciones como de superación. Un extraño impulso que me hizo relativizarlo todo y superar cualquier abatimiento autodestructivo. Tal vez como un instinto de supervivencia nada racional. Mi madre nunca se había enfrentado tan de cerca a la muerte y lo llevaba muy mal. Antes de la operación se drogada mucho de pastillas. En cambio yo me hice como más fuerte. Acepté. Y de paso aprendí a aceptar más cosas de mi propia vida. Por las fechas me ocurrieron sucesos muy curiosos que como siempre tiendes a relacionar. Conocí a una chica  fuerte y mantuvimos un corto pero intenso idilio  contradictorio. Ella parecía tener una especie de trastorno bipolar al menos conmigo. Necesitado de afecto me dejé llevar sin pensarlo demasiado por una breve situación muy extrema de amor y rechazo mezclado con dosis intensas de sexo,  muy poco ya que ella pensaba marcharse muy lejos a los pocos días. A la vez un amigo por esa fecha se cayó a un barranco o se suicidó, nunca lo supe, pero viendo lo mal que andaba hay muchas posibilidades que fuera lo segundo. Así que aquel idilio,  con lo que me rodeaba, lo viví con una total despreocupación catárquica necesaria, a pesar de que ella a veces era violenta conmigo, pero creo que no únicamente conmigo sino hasta con ella; era todo un personaje con el que tuve una relación ciertamente de lo más ambigua. A pesar de todo eso aprendí a quererla y a veces hasta emocionarme conociendo las limitaciones.  Su pasado familiar era tan duro como ella misma, pero estar tirado en una cama acompañado días completos puede estar muy bien. Olvidarse del mundo y centrarse en un microcosmos muy íntimo aunque no te libres de alguna discusión. Pero el hecho de que por esos días pudiese olvidarme del mundo siempre se lo agradecí. Me hizo feliz por momentos. Y antes de marcharse le pedí que rezara un Kadish conmigo en un cementerio para un amigo, ya que la tradición pide rezarlo con una mujer. Y para mi sorpresa accedió.

   Aún disfrutó por suerte de mi madre y espero que sea por mucho tiempo. Y también sigo teniendo esa especie de fortaleza y aceptación que quizá adquirí en esos días. Pero hay momentos como esta semana que aún así son especialmente duros. Algunas malas noticias personales me hieren y me cuesta más sobreponerme. Observo como si todo se desmoronara a mi alrededor. Rostros tristes, incluso amargados. Y yo me alejo de las cosas como por una especie de miedo al dolor y al compromiso; en estas situaciones me aislo voluntariamente. Me cansan aún más los demás de lo habitual que es ya demasiado. Sólo busco como aquella frase atribuida a Diógenes el cínico, un lugar al sol, aunque más bien un lugar a la luna. Lo único menos interesante de la noche es que no tenga sol ni cantos de pájaros, pero la luna y los croares de ranas es a veces un buen sustituto. Cosas que sólo se encuentran en los pueblos; la luna de las ciudades parece otra.  Y por supuesto la noche  aventaja al día en la tranquilidad y el silencio. Lástima que si vives la noche difícilmente puedes vivir el día. Los pueblos pueden ser un infierno pero más bien por la gente. Aún así prefiero ese infierno que el otro de las ciudades aunque sean provincianas. La única ciudad de esta isla es casi un pueblo y es repugnante: tiene pretensiones provincianas mezquinas de ciudad, huele mal, su arquitectura es horrorosa, es impersonal, y encima está llena de idiotas de todo tipo y un montón de gente de paso. Es un lugar donde el cinismo casi parece que se puede oler y huele tan mal como el resto. Su costa es un muelle que la ocupa por completo. Y da la sensación de que siempre hay un calor pegajoso con olor a humo de automóviles que todo lo inundan. Prefiero el agujero con salida al mar donde vivo y sino estuviera plagado de tantos amargados gilipollas,  y  ser tan inclinado, sería hasta perfecto. Su biblioteca pública es perfecta eso sí; situada en un caserón de patio interno es de lo más acogedora. Y las playas de arena negra y un pequeño muelle donde aún te puedes bañar sin llenarte de grasa de barco también lo son.

    Mi pecado sigue siendo la pereza. Si nada me mueve a levantarme del sofá pasarían días con mis libritos y mis pelis cerca. Y si como me ocurre en estos días ando decaído es peor. Pero siempre la curiosidad y sobre todo la necesidad te levantan. Por suerte!

domingo, 17 de marzo de 2013

LA HUMANIDAD MENOS COMPLICADA QUE LAS PERSONAS.

-->
    Hobbes al contrario de lo que se pudiera pensar no era nada misántropo, tan sólo precavido. Elaboraba una fortaleza intelectual a su alrededor igual que la que seguro tendría materialmente. Me lo imagino escribiendo su famoso Leviatán separado del mundo por siete puertas cerradas por siete llaves. Todos sentimos necesidad de afecto y reconocimiento, por no decir sexo, pero los otros, incluso el otro que ya no es una muchedumbre impersonal e inquietante, produce tanto desasosiego como a veces incluso terror; lo que decía Canetti en Masa y Poder, la mano del otro puede ser caricia o garra. La mayoría de las veces es lo segundo. Si consigues que una sola persona te quiera incondicionalmente ya puedes considerarte afortunado. En mi caso es mi madre, y si en tu caso también es así, como suele ser normal que fallezca antes que tu, será toda una tragedia. O peor aún, tener que ver como la vejez la degrada. Con el paso del tiempo es duro aceptar que tus enamoramientos no son más que quimeras, y que la amistad , algo sin duda hermoso, es también sólo pasajero. Y eso te puedo asegurar no lo salva vivir mucho tiempo en el mismo sitio. Casi todo el mundo, por hacer alguna exclusión esperanzadora, está realmente muy solo y perdido. Algunos hasta se casan creyendo que eso les va a evitar la terrible soledad, cuando la soledad compartida es hasta peor. Donde hubo enamoramiento, si lo hubo, se convierte en poco tiempo en inercia, aburrimiento, y a veces ni siquiera amistad: la reglamentación, o peor aún, la institucionalización de una relación  suele indefectiblemente acabar con ésta. Después sólo queda acusar al otro, y como parece estar de moda, aniquilarlo y suicidarse, una cosa muy romántica. El romanticismo parece que nunca se pasó de moda. Es más, es que eso mismo de las modas pertenece al ideal romántico de la eterna insatisfacción muy rentable económicamente. El motivo principal de que se fomenten, como todos los uso y tiro.

Existe eso sí  ideales que aunque no pertenezcan a este mundo intentamos ubicarlos en alguna parte. Y el amor a los animales que creemos que es también recíprocamente incondicional, algo que nunca me terminé de creer, y como mucho en los perros pero porque son serviles hasta lo repulsivo.Cada vez estoy más convencido que el amor en mayúsculas sólo es posible cuando se aplica en abstracto; cuando no se personaliza. Cuando no se exige nada de él, simplemente se da. Hacer las cosas por amor al contrario de como se suele pensar produce gran placer, así que puede ser un acto egoísta pero de los pocos positivos y constructivos. El amor cuando se personaliza es también egoísta pero muy cobarde y doloroso. El amor al clan, al grupo, es también un amor personalizado. Y como todo amor de ese tipo, aunque pueda no parecerlo, jamás es incondicional. Inmerso en relaciones de poder siempre es una excusa para otras cosas. Sólo se salva el amor de una madre hacia su hijo no siempre correspondido, y si correspondido jamás en la misma medida a veces inconmensurable. Mas el amor de la madre hacia su hijo tiene una componente biológica que casi podemos situarla en lo instintivo junto al sexo. Biológico en un sentido amplio del término ya que una madre no biológica también puede dar ese amor a su hijo. Y sobre todo a su hijo más que a su hija. He conocido pocas madres, incluso de sociedades poco o nada machistas, que no den ciertos privilegios afectivos a sus hijos, sobre todo si es un hijo, por encima de sus hijas. Con los papás suele ocurrir lo contrario, mostrándose como se mezcla lo sexual con lo afectivo, pero, ¿cuándo no? Yo mismo que no tengo hijos, me parecen como a Lewis Carrol más interesantes las niñas que los niños. Hubiese escrito una mujer ''Alicia en el país de las maravillas'' donde el único niño es un cerdito impertinente y egoísta?? Tal vez sí pero no de la misma forma. He conocido a madres lesbianas que tratan a sus hijos con privilegios afectivos aunque en algunos casos les cueste reconocerlo porque suele ser casi inconsciente.

Mi afectos impersonales son hacia cosas como la música, o el cine, o los libros, además de unas de mis mayores fuentes de placer. Se puede experimentar las sensaciones que te producen en privado en casi todo momento. La calidad del sonido es importante, pero lo más importante es la calidad de la música, o las películas o los libros, su autenticidad, su vitalidad, las emociones que te transmitan. Ahora escucho a Skip James con su voz aguda, y aunque es en formato reducido Mp3, disfruto mucho y termino amando ese concepto tan impersonal pero a la vez concreto de Humanidad que  creó la belleza de tantas cosas como esas

jueves, 14 de marzo de 2013

La pelona.


   La conciencia de la muerte del ser humano no consigue evitar su misterio. Es una idea más que una sensación. De lo poco que puede ser considerado 'cartesiano' en la medida que es un idea separada de cualquier sensación física: si estás muerto, ya no piensas sobre la muerte, y sólo lo piensas porque estás vivo.      
    La única sensación cercana es empática: sientes algo extraño cuando ves en el otro tu inevitable futuro, pero sólo en ese caso, puesto que también se puede ver el cadáver de otro sin ninguna clase de empatía.
    El funeral de un familiar no demasiado cercano pero conocido es siempre preferible dentro de lo desagradable del suceso. Si es demasiado cercano, o bien si es de alguien querido, la angustia no te hace percibir la realidad de modo lo suficientemente distanciado como para que puedas reflexionar sobre todo lo que ocurre a tu alrededor. Estás como ido; no estás del todo dentro del ritual. No puedes olvidar esa terrible despedida a no ser que estés muy narcotizado, que es lo que hace mucha gente. En un funeral de un casi extraño o extraño, percibes el dolor ajeno y te puede afectar, pero nunca lo vives con demasiada intensidad por aquello de la vieja máxima latina que decía que se puede entender el dolor de otro pero sólo él lo siente. Estuve en uno de esos no hace mucho. El del marido de mi hermanastra. Y si ya las relaciones hasta con mi hermana son muy distantes, y con mi hermanastra nulas, con el esposo de mi hermanastra eran casi limitadas a una maqueta de coche que me regalaba en Navidad porque nunca se enteró de que no me gustan los coches, ni siquiera reales. Era un tipo que estoy casi convencido que falleció muy joven debido al aburrimiento, que es más mortal de lo que parece. Mi hermanastra no es precisamente una belleza, y aunque no dudo que sea buena persona, alberga cierta mezquindad propia de mucha gente de entornos rurales; una especie de desconfianza connatural hacia todo lo que no sea para ella ''normal''. Su marido obviamente se había casado con ella porque era buen partido ya que heredó un negocio del padre, mi padrastro. Pronto, como era de esperar, se cansó de un trabajo monótono y sufrido de panadero. Y para justificar ante ella y los otros panaderos sus ''absentismos laborales'' se fue inventando distintas enfermedades que se volvieron reales, y hasta empeoraron, llevándolo a la muerte. Fue rápido según me   contaron. Falleció en un hospital en la última  visita. No estaba ni siquiera ingresado que es lo verdaderamente terrible. Lo visitaba por tiempos cortos. Se despidió de todo el mundo por su propio pie y regresó acostado. No hubo más, salvo un mortífero cáncer que le estuvo comiendo literalmente las entrañas a gran velocidad ascendente e imparable. Después estaba allí, en una caja de madera brillante y cerrada, con una pequeña ventanita acristalada por la cabeza, tapada con un pañuelo espantosamente feo. Así de simple. Antes estaba vivo y ahora estaba muerto. Tieso como un palo, como una silla de aquellas que rodeaban su ataúd, o como su mismo ataúd. Había sido alguien, y ahora no era nada más que recuerdo sin referente real más que de un cuerpo yerto comenzando a descomponerse. Así de duro y sin retóricas por más velas y flores que hubieran a su alrededor y familiares y amigos. Por lo visto tenía más amigos de lo que yo creía y lo llevaron a hombros al cementerio. Me atreví a mirar a través de la ventanita apartando el pañuelo, y sólo vi la cara de un muñeco demasiado grotescamente maquillado. Ya no era él. No lo sentía como él. Si me hubiesen dicho que era un maniquí me lo creo.  Me llamó más la atención que la ya viuda le pusiera unas fotos familiares dentro de la caja. Me recordó, salvando las lógicas diferencias, a los egipcios que llenaban los sarcófagos de los faraones de objetos para que se los llevaran al ''otro mundo''. Y realmente envidio a quienes están convencidos de esos otros mundos. De las permanencias. Nunca me afectaron esas creencias que he percibido como absurdas desde mi más tierna infancia. Para mi han sido consuelos poco sólidos porque jamás he visto que detrás de esas creencias en otros mundos no hayan unos intereses muy de este mundo.
 

lunes, 11 de marzo de 2013

U OTROS.

-->

La variabilidad de comportamientos que todos y cada una de las personas de mi entorno desarrollan conmigo me es a veces extremadamente agobiante. Un mismo individuo puede ser muy cordial y a los segundo dejar de serlo. Desconozco si le ocurre a más personas, o por lo menos en esos extremos. Los demás son siempre un dilema para mí, hasta el punto que intento que no me afecte para que no me genere angustia.

No soy sin embargo, o creo, nada insociable, ni creo que carezca de habilidades sociales; al contrario, me resulta muy fácil, salvo en contadas ocasiones, relacionarme al menos verbalmente, con alguien que no he visto en mi vida antes. El ''desgaste'' siempre es con el tiempo más corto o más tarde de esas relaciones. Ya no trato por ello de comprender, ni de integrarme. Y si intento comprender es siempre desde el distanciamiento. Dejo que las cosas sigan su transcurso sin intentar forzarlas porque si no lo hiciera me sentiría muy agobiado y estresado. 

 

domingo, 10 de marzo de 2013

NADA PELMANECE HELMANITO!!

-->

Hay algo dentro de uno que creemos permanece ahí casi sin cambiar y que es ayudado por la memoria; se supone que es eso que llaman 'identidad'. Pero no sólo es una creencia, es una sensación. No acepta la muerte porque quiere convencerse a sí mismo a la manera de Parménides que todo permanece, aunque su experiencia le haga ver una y otra vez que no sólo no todo permanece, sino que nada permanece. Después está 'lo otro': el espejo. Y los más crueles espejos: los demás.  Algunas cosas comienzan a salirte donde antes no te salían y  otras que se caen donde antes no se caían,  descubres alguna arruga que empeora y te puede preocupar, pero sobre todo comienzan a tratarte de otra forma: te tratan de ''Don'' (o Doña si eres chica), de caballero o señorita, y toda una serie de epítetos supuestamente educados, los menos educados sólo te miran a veces con un distanciamiento que puede ser hasta molesto. Y se piensan más lo que te dicen en relación a otros, como si les estuvieras examinando. Ya parece que no hablan contigo por hablar, hablan contigo de manera supuestamente más seria, porque se supone que eres más serio. Y eso que personalmente la palabra seriedad siempre me ha parecido como poco sospechosa de ser sinónimo de aburrimiento.
Después de que estas situaciones se repitan demasiado, tomas consciencia de que algo ha pasado. Normalmente como ocurre siempre que tomas esa consciencia digamos de cambio, intentas retomar tu actitud hacia los demás. Como vivimos en una sociedad donde eso de ser joven es un valor en alza del que nadie quiere desprenderse intentas parecer joven, o lo que supones que es eso. Igual te da por cambiar de vestimentas, de afeitado si eres chico, o de peinados, por ponerte cremas, o hacer gimnasia. Y ya en casos graves puedes caer en el llamado ''complejo Peter Pan'' es decir, al no aceptar que ya se supone que no eres joven copias a los supuestos jóvenes y normalmente terminas haciendo el ridículo porque casi siempre se nota que es forzado. Otra alternativa es aceptar esa situación, algo que tendrás que hacer tarde o temprano porque siempre empeora, aunque en algunos casos se eterniza el complejo sino dejas de estar acomplejado.
Dado que eso de la juventud, concepto que nadie tiene demasiado claro y es sospechosamente mercantilista, no es el único valor importante en la relación humana, aunque le queda poco para serlo, si aceptas que no tienes porque ser siempre joven y moderno aunque te cobren más en el tranvía, te aceptas paralelamente tal como eres. Aprendes a descubrirte, a valorar tu experiencia, tus emociones reales, tu conocimiento adquirido. Aprendes también a desechar lo que consideras inútil, a relajarte, a no forzar nada. Si conoces la palabra ''estoico'' cobra un nuevo significado para ti.
Normalmente a esas edades se supone que ya tienes hijos, familia y todo eso. Pero son suposiciones más de otras épocas no posmodernas o más rurales. Hasta no hace mucho eso de la ''juventud'' era algo breve y pasajero, no tenía ningún privilegio, ni ocasionaba admiración o respeto. Y a los 30 años ya eras un señor o señora respetablemente aburrido a no ser que fueras del hampa, con un montón de hijos reconocidos y no reconocidos (no reconocidos si eres chico pues sino es difícil no reconocerlos) , y posiblemente hasta nietos. Hoy, nadie quiere tener hijos ni responsabilidades, y cuando se tienen se inventan excusas: que si el instinto, que si se va pasando la edad, que si otros también los tienen y no pasa nada... Ya no es algo ''natural'' como antes. El concepto familia desestructurada quiere olvidarse de que lo que está desestructurado es el mismo concepto de familia. Como todos saben eso mismo de desestructura o deconstrucción es muy posmoderno gracias a Derridá. Y por mucho que se intente valorar o sobrevalorar el ya viejo concepto, la sociedad mercantilista va por otro lado. Eso sí cuando llegan los momentos críticos se revalorizan siempre viejos conceptos como ese y todo lo que proporciona cierta sensación de arraigo, como también ''nación'' y ''Dios'' que no es casualidad que fueran los conceptos preferidos del fascismo italiano. Las mujeres y los hombres actuales ya conocemos más el concepto separación que el de familia, y los niños también lo conocen más. Casi desde la más tierna infancia aprendemos a ser oportunistas y a desconocer morales rígidas: con un padre cuando toca, con una madre cuando toca, y con unos abuelos que son como tus verdaderos padres  con  convenciones más rígidas. Da igual si los padres son dos padres o son dos madres; aunque el sexo de tus ascendentes protectores sea el mismo se repiten los mismos esquemas. Los nuevos modelos de familia que poco a poco se van a asentando en algunas sociedades repiten lógicamente las mismas pautas sociales. O sea, los individuos ya somos educados fragmentariamente también en lo emocional como la misma sociedad en la que vivimos. Algo por supuesto muy beneficioso para el mercado. Lo cual no quiere decir que las familias tradicionales fueran un cúmulo de virtudes. Era todo lo contrario. Aún es un misterio cuál puede ser la sociedad no ya perfecta, sino que no ocasione al menos tantas taras mentales. Algunos han querido buscarlas en sociedades perdidas y otras idealizaciones varias, pero dudo mucho que no sean más que romanticismo. La socialización es una necesidad, y da sentidos y propósitos a las personas, pero no siempre felicidad. Lo que ocurre es que la soledad no lo compensa. El día, y queda poco, que las máquinas te introduzcan del todo en un mundo virtual perfecto producirá más estragos que la heroína. Porque esto es lo más alejado de la perfección que conozco. Y siempre tiene que haber algún desgraciado que te lo recuerde. 
 

viernes, 8 de marzo de 2013

Sweet home but no Alabama.

-->
   Mis vecinos son de tres clases: unos llevan poco tiempo, otros un poco más, y algunos como yo mucho tiempo en el mismo edificio. Yo soy el del tercero derecha como si pareciera que no puede ser de otra forma. Vivía allí con mi familia perfectamente monoparental que se fue marchando hasta quedarme solo. Mi padre fue el primero que se marchó pero sin posibilidades de regreso no al edificio sino al mundo. El edificio tendrá algo más de 50 años con cuatro plantas sin ascensor, paredes poco sólidas, y unas formas cuadriculadas como de país del este ya que fue de protección oficial de los sesenta con colores horrendos que han pasado del verde y blanco carcelario a un rojizo chillón espantoso. Aunque en un principio lo llamaban ''barriada'' y ahora ''comunidad'' no deja de ser por suerte lo que es, con ropas tendidas bien visibles y de colores tendidas en los balcones, conversaciones entre vecinos en la escalera y las ventanas, y gritos de niños en un patio interno. Por la parte trasera hay aún una hermosa y amplia vista al mar, y por la delantera había otra hermosa vista hasta que construyeron unos horrendos bloques de cemento habitado. Dos balcones, uno hacia el patio interno que además es un aparcamiento descubierto, y otro balcón que da hacia una calle no demasiado ancha ni concurrida cercana a una horrenda fuente sesentera y una pequeña ermita no del todo fea de 1917.

Aunque soy de los pocos que llevan toda su vida habitando el edificio y ya van siendo años, sin embargo no he perdido mi mala reputación vecinal ya que algunos creen que monto orgías continúas, me drogo hasta las cejas, estoy en alguna secta rara y llevo vida cuando menos disipada. Ciertamente a ello ha contribuido mis cabellos hasta el otro día bien largos, mi total despreocupación por vestimentas y apariencias, algunos amigos visitantes no demasiado convencionales, alguna que otra fiesta con música roquera, y sobre todo mi absoluta dejadez por los temas de la comunidad que reconozco ha sido excesiva. Si añadimos a eso que en épocas adolescentes alguna vez me visitó la policía municipal por hacer pintadas contra el alcalde casi perpetúo de donde vivo, y algún que otro olor a humos extraños marihuaneros, no me extraña nada.

Los vecinos más ancianos o han muerto, o han sido suplantados por otros. Justo la que vivía enfrente de mi, ya casi familiar, fue engañada por sus hijos (me enteré hace poco y hace ya tres años) y la mandaron a un asilo. Ahora vive ahí una familia cubana de alquiler que fue llegando poco a poco y ahora resulta que es casi numerosa con unas hijas guapísimas que pasan más de mi que de Fidel Castro. Al principio el marido intentó intimar conmigo, pero viendo que era un imposible, desistió en el intento al poco tiempo y mira que lo intentó. Hasta me tocó el timbre a altas horas de la madrugada creo que bajo los efectos de algunas cervezas, porque se ve que traga, se escondió, y luego salió a la escalera aparentando susto diciéndome que también le habían tocado a él. No obstante esa sería la época que tampoco conocía al resto de los vecinos, ya que por la cara que me pone cuando nos cruzamos me da que ya ha sido  bien informado de mi excelente reputación vecinal.
Justo en el piso de arriba vive una señora fanática religiosa con su hija que desde muy temprano pone ''Radio María'' con sus rosarios interminables a bastante volumen. Y enfrente de ellas, el más joven de los vecinos, que aunque se lo monta mejor que yo y cada cierto tiempo cambia de novias con sus respectivas peleas y cajas de mudanza  bajando por la escalera a trompicones salpicado con gritos, no sé cómo lo consigue pero no está tan mal visto. Si hace una fiesta y se oye la música en toda la calle, cuando aparece la policía siempre me toca el timbre primero a mí. Y por supuesto al día siguiente para el vecindario el del escándalo siempre fui yo.

Debajo de mi vive una solterona bastante poca agraciada que vive sola como yo y que de vez en cuando es visitada por su simpática y adolescente sobrina, que es la única que me saluda si la encuentro por la escalera, pero creo que no por demasiado tiempo ya que no hace mucho tuve un altercado con la tía por un asunto de cañerías comunes. Al lado una pareja joven con una niña aún bebé y rostro de amargados. Y los del primer piso  llevan el mismo tiempo que yo en el edificio. En un lado una familia de gritones, hasta tal punto que me extraña cuando no los oigo gritar desde la puerta. Y al otro, otra familia numerosa pero exclusivamente femenina salvo el padre de todas. Nunca supe cuántos la componían sobre todo cuando las hijas se reprodujeron por doquier. En mi imaginación siempre creí que había sido el patriarca, reproductor de todas ellas, incluido su esposa, un personaje de trato, al menos conmigo, absolutamente avinagrado.

Aún con todo, es un hueco de aislamiento necesario. El 'hogar dulce hogar' al que siempre se regresa-

 

LOS DOS TIEMPOS.

 
  Sólo hay dos tiempos: uno que pasa sin que te enteres o casi, y otro altamente significativo. Éste último es el menos común pero el único que te hace sentirte vivo.  Por otra parte no quiere decir que sea siempre agradable y precisamente por eso los intentamos evitar. Preferimos ese otro tiempo ''burgués'', plácido, supuestamente controlado de ocaso o crepúsculo, jamás algo completo del que nos podamos arrepentir.
Este blog hablará de mis tiempos significativos reales o irreales, jamás de los que pasan.