Parece
ser que el diseñador Paco Rabanne dice que vio a Dios a los 26 años.
Lamentablemente si tomamos en cuenta que fue el mismo que dijo hace
unos años que París iba a ser arrasada por un meteorito con una
supuesta total seguridad como la que dice tener sobre esto, no se
hace muy creíble que digamos la primera afirmación. No obstante si
él lo cree seguro le es muy útil. En algunos momentos vividos te
sientes como dice el poema de Goytisolo y canción de Ibañez perdido
y solo, así que esos consuelos seguro son de lo más reconfortantes.
De un tiempo para acá controlo más mis emociones; no me derriban
del todo. Digamos que he aprendido, o más bien adquirido, cierto
estoicismo muy útil. Hace unos años le extirparon unos bultos a mi
madre del útero, y como estamos tan unidos fue casi como si me los
extirparan a mi. Por
suerte no eran cancerosos, pero al contrario de sentirme abatido
experimenté nuevas sensaciones como de superación. Un extraño
impulso que me hizo relativizarlo todo y superar cualquier
abatimiento autodestructivo. Tal vez como un instinto de
supervivencia nada racional. Mi madre nunca se había enfrentado tan
de cerca a la muerte y lo llevaba muy mal. Antes de la operación se drogada mucho de pastillas. En cambio yo me hice como más
fuerte. Acepté. Y de paso aprendí a aceptar más cosas de mi propia
vida. Por las fechas me ocurrieron sucesos muy curiosos que
como siempre tiendes a relacionar. Conocí a una chica fuerte y
mantuvimos un corto pero intenso idilio contradictorio. Ella
parecía tener una especie de trastorno bipolar al menos conmigo.
Necesitado de afecto me dejé llevar sin pensarlo demasiado por una
breve situación muy extrema de amor y rechazo mezclado con dosis
intensas de sexo, muy poco ya que ella pensaba marcharse muy lejos a los pocos días. A la vez un amigo por
esa fecha se cayó a un barranco o se suicidó, nunca lo supe, pero
viendo lo mal que andaba hay muchas posibilidades que fuera lo
segundo. Así que aquel idilio, con lo que me rodeaba, lo viví con una total despreocupación catárquica necesaria, a pesar de que ella a veces
era violenta conmigo, pero creo que no únicamente conmigo sino hasta
con ella; era todo un personaje con el que tuve una relación ciertamente
de lo más ambigua. A pesar de todo eso aprendí a quererla y a veces
hasta emocionarme conociendo las limitaciones. Su pasado familiar era tan duro como ella misma, pero estar tirado en una cama acompañado días completos puede
estar muy bien. Olvidarse del mundo y centrarse en un microcosmos muy
íntimo aunque no te libres de alguna discusión. Pero el hecho de que
por esos días pudiese olvidarme del mundo siempre se lo agradecí.
Me hizo feliz por momentos. Y antes de marcharse le pedí que rezara
un Kadish conmigo en un cementerio para un amigo, ya que la tradición
pide rezarlo con una mujer. Y para mi sorpresa accedió.
Aún
disfrutó por suerte de mi madre y espero que sea por mucho tiempo. Y
también sigo teniendo esa especie de fortaleza y aceptación que
quizá adquirí en esos días. Pero
hay momentos como esta semana que aún así son especialmente duros.
Algunas malas noticias personales me hieren y me cuesta más
sobreponerme. Observo como si todo se desmoronara a mi alrededor.
Rostros tristes, incluso amargados. Y yo me alejo de las cosas como
por una especie de miedo al dolor y al compromiso; en estas
situaciones me aislo voluntariamente. Me cansan aún más los demás
de lo habitual que es ya demasiado. Sólo busco como aquella frase
atribuida a Diógenes el cínico, un lugar al sol, aunque más
bien un lugar a la luna. Lo único menos interesante de la noche es
que no tenga sol ni cantos de pájaros, pero la luna y los croares de
ranas es a veces un buen sustituto. Cosas que sólo se encuentran en
los pueblos; la luna de las ciudades parece otra. Y por supuesto la noche aventaja al día en la tranquilidad y el
silencio. Lástima que si vives la noche difícilmente puedes vivir
el día. Los pueblos pueden ser un infierno pero más bien por la
gente. Aún así prefiero ese infierno que el otro de las ciudades
aunque sean provincianas. La única ciudad de esta isla es casi un
pueblo y es repugnante: tiene pretensiones provincianas mezquinas de
ciudad, huele mal, su arquitectura es horrorosa, es impersonal, y
encima está llena de idiotas de todo tipo y un montón de gente de
paso. Es
un lugar donde el cinismo casi parece que se puede oler y huele tan
mal como el resto. Su costa es un muelle que la ocupa por completo. Y
da la sensación de que siempre hay un calor pegajoso con olor a humo
de automóviles que todo lo inundan. Prefiero el agujero con salida
al mar donde vivo y sino estuviera plagado de tantos amargados gilipollas, y ser tan inclinado, sería hasta perfecto. Su
biblioteca pública es perfecta eso sí; situada en un caserón de
patio interno es de lo más acogedora. Y las playas de arena negra y
un pequeño muelle donde aún te puedes bañar sin llenarte de grasa
de barco también lo son.
Mi
pecado sigue siendo la pereza. Si nada me mueve a levantarme del sofá
pasarían días con mis libritos y mis pelis cerca. Y si como me
ocurre en estos días ando decaído es peor. Pero siempre la
curiosidad y sobre todo la necesidad te levantan. Por suerte!




