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domingo, 10 de marzo de 2013

NADA PELMANECE HELMANITO!!

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Hay algo dentro de uno que creemos permanece ahí casi sin cambiar y que es ayudado por la memoria; se supone que es eso que llaman 'identidad'. Pero no sólo es una creencia, es una sensación. No acepta la muerte porque quiere convencerse a sí mismo a la manera de Parménides que todo permanece, aunque su experiencia le haga ver una y otra vez que no sólo no todo permanece, sino que nada permanece. Después está 'lo otro': el espejo. Y los más crueles espejos: los demás.  Algunas cosas comienzan a salirte donde antes no te salían y  otras que se caen donde antes no se caían,  descubres alguna arruga que empeora y te puede preocupar, pero sobre todo comienzan a tratarte de otra forma: te tratan de ''Don'' (o Doña si eres chica), de caballero o señorita, y toda una serie de epítetos supuestamente educados, los menos educados sólo te miran a veces con un distanciamiento que puede ser hasta molesto. Y se piensan más lo que te dicen en relación a otros, como si les estuvieras examinando. Ya parece que no hablan contigo por hablar, hablan contigo de manera supuestamente más seria, porque se supone que eres más serio. Y eso que personalmente la palabra seriedad siempre me ha parecido como poco sospechosa de ser sinónimo de aburrimiento.
Después de que estas situaciones se repitan demasiado, tomas consciencia de que algo ha pasado. Normalmente como ocurre siempre que tomas esa consciencia digamos de cambio, intentas retomar tu actitud hacia los demás. Como vivimos en una sociedad donde eso de ser joven es un valor en alza del que nadie quiere desprenderse intentas parecer joven, o lo que supones que es eso. Igual te da por cambiar de vestimentas, de afeitado si eres chico, o de peinados, por ponerte cremas, o hacer gimnasia. Y ya en casos graves puedes caer en el llamado ''complejo Peter Pan'' es decir, al no aceptar que ya se supone que no eres joven copias a los supuestos jóvenes y normalmente terminas haciendo el ridículo porque casi siempre se nota que es forzado. Otra alternativa es aceptar esa situación, algo que tendrás que hacer tarde o temprano porque siempre empeora, aunque en algunos casos se eterniza el complejo sino dejas de estar acomplejado.
Dado que eso de la juventud, concepto que nadie tiene demasiado claro y es sospechosamente mercantilista, no es el único valor importante en la relación humana, aunque le queda poco para serlo, si aceptas que no tienes porque ser siempre joven y moderno aunque te cobren más en el tranvía, te aceptas paralelamente tal como eres. Aprendes a descubrirte, a valorar tu experiencia, tus emociones reales, tu conocimiento adquirido. Aprendes también a desechar lo que consideras inútil, a relajarte, a no forzar nada. Si conoces la palabra ''estoico'' cobra un nuevo significado para ti.
Normalmente a esas edades se supone que ya tienes hijos, familia y todo eso. Pero son suposiciones más de otras épocas no posmodernas o más rurales. Hasta no hace mucho eso de la ''juventud'' era algo breve y pasajero, no tenía ningún privilegio, ni ocasionaba admiración o respeto. Y a los 30 años ya eras un señor o señora respetablemente aburrido a no ser que fueras del hampa, con un montón de hijos reconocidos y no reconocidos (no reconocidos si eres chico pues sino es difícil no reconocerlos) , y posiblemente hasta nietos. Hoy, nadie quiere tener hijos ni responsabilidades, y cuando se tienen se inventan excusas: que si el instinto, que si se va pasando la edad, que si otros también los tienen y no pasa nada... Ya no es algo ''natural'' como antes. El concepto familia desestructurada quiere olvidarse de que lo que está desestructurado es el mismo concepto de familia. Como todos saben eso mismo de desestructura o deconstrucción es muy posmoderno gracias a Derridá. Y por mucho que se intente valorar o sobrevalorar el ya viejo concepto, la sociedad mercantilista va por otro lado. Eso sí cuando llegan los momentos críticos se revalorizan siempre viejos conceptos como ese y todo lo que proporciona cierta sensación de arraigo, como también ''nación'' y ''Dios'' que no es casualidad que fueran los conceptos preferidos del fascismo italiano. Las mujeres y los hombres actuales ya conocemos más el concepto separación que el de familia, y los niños también lo conocen más. Casi desde la más tierna infancia aprendemos a ser oportunistas y a desconocer morales rígidas: con un padre cuando toca, con una madre cuando toca, y con unos abuelos que son como tus verdaderos padres  con  convenciones más rígidas. Da igual si los padres son dos padres o son dos madres; aunque el sexo de tus ascendentes protectores sea el mismo se repiten los mismos esquemas. Los nuevos modelos de familia que poco a poco se van a asentando en algunas sociedades repiten lógicamente las mismas pautas sociales. O sea, los individuos ya somos educados fragmentariamente también en lo emocional como la misma sociedad en la que vivimos. Algo por supuesto muy beneficioso para el mercado. Lo cual no quiere decir que las familias tradicionales fueran un cúmulo de virtudes. Era todo lo contrario. Aún es un misterio cuál puede ser la sociedad no ya perfecta, sino que no ocasione al menos tantas taras mentales. Algunos han querido buscarlas en sociedades perdidas y otras idealizaciones varias, pero dudo mucho que no sean más que romanticismo. La socialización es una necesidad, y da sentidos y propósitos a las personas, pero no siempre felicidad. Lo que ocurre es que la soledad no lo compensa. El día, y queda poco, que las máquinas te introduzcan del todo en un mundo virtual perfecto producirá más estragos que la heroína. Porque esto es lo más alejado de la perfección que conozco. Y siempre tiene que haber algún desgraciado que te lo recuerde. 
 

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