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jueves, 14 de marzo de 2013

La pelona.


   La conciencia de la muerte del ser humano no consigue evitar su misterio. Es una idea más que una sensación. De lo poco que puede ser considerado 'cartesiano' en la medida que es un idea separada de cualquier sensación física: si estás muerto, ya no piensas sobre la muerte, y sólo lo piensas porque estás vivo.      
    La única sensación cercana es empática: sientes algo extraño cuando ves en el otro tu inevitable futuro, pero sólo en ese caso, puesto que también se puede ver el cadáver de otro sin ninguna clase de empatía.
    El funeral de un familiar no demasiado cercano pero conocido es siempre preferible dentro de lo desagradable del suceso. Si es demasiado cercano, o bien si es de alguien querido, la angustia no te hace percibir la realidad de modo lo suficientemente distanciado como para que puedas reflexionar sobre todo lo que ocurre a tu alrededor. Estás como ido; no estás del todo dentro del ritual. No puedes olvidar esa terrible despedida a no ser que estés muy narcotizado, que es lo que hace mucha gente. En un funeral de un casi extraño o extraño, percibes el dolor ajeno y te puede afectar, pero nunca lo vives con demasiada intensidad por aquello de la vieja máxima latina que decía que se puede entender el dolor de otro pero sólo él lo siente. Estuve en uno de esos no hace mucho. El del marido de mi hermanastra. Y si ya las relaciones hasta con mi hermana son muy distantes, y con mi hermanastra nulas, con el esposo de mi hermanastra eran casi limitadas a una maqueta de coche que me regalaba en Navidad porque nunca se enteró de que no me gustan los coches, ni siquiera reales. Era un tipo que estoy casi convencido que falleció muy joven debido al aburrimiento, que es más mortal de lo que parece. Mi hermanastra no es precisamente una belleza, y aunque no dudo que sea buena persona, alberga cierta mezquindad propia de mucha gente de entornos rurales; una especie de desconfianza connatural hacia todo lo que no sea para ella ''normal''. Su marido obviamente se había casado con ella porque era buen partido ya que heredó un negocio del padre, mi padrastro. Pronto, como era de esperar, se cansó de un trabajo monótono y sufrido de panadero. Y para justificar ante ella y los otros panaderos sus ''absentismos laborales'' se fue inventando distintas enfermedades que se volvieron reales, y hasta empeoraron, llevándolo a la muerte. Fue rápido según me   contaron. Falleció en un hospital en la última  visita. No estaba ni siquiera ingresado que es lo verdaderamente terrible. Lo visitaba por tiempos cortos. Se despidió de todo el mundo por su propio pie y regresó acostado. No hubo más, salvo un mortífero cáncer que le estuvo comiendo literalmente las entrañas a gran velocidad ascendente e imparable. Después estaba allí, en una caja de madera brillante y cerrada, con una pequeña ventanita acristalada por la cabeza, tapada con un pañuelo espantosamente feo. Así de simple. Antes estaba vivo y ahora estaba muerto. Tieso como un palo, como una silla de aquellas que rodeaban su ataúd, o como su mismo ataúd. Había sido alguien, y ahora no era nada más que recuerdo sin referente real más que de un cuerpo yerto comenzando a descomponerse. Así de duro y sin retóricas por más velas y flores que hubieran a su alrededor y familiares y amigos. Por lo visto tenía más amigos de lo que yo creía y lo llevaron a hombros al cementerio. Me atreví a mirar a través de la ventanita apartando el pañuelo, y sólo vi la cara de un muñeco demasiado grotescamente maquillado. Ya no era él. No lo sentía como él. Si me hubiesen dicho que era un maniquí me lo creo.  Me llamó más la atención que la ya viuda le pusiera unas fotos familiares dentro de la caja. Me recordó, salvando las lógicas diferencias, a los egipcios que llenaban los sarcófagos de los faraones de objetos para que se los llevaran al ''otro mundo''. Y realmente envidio a quienes están convencidos de esos otros mundos. De las permanencias. Nunca me afectaron esas creencias que he percibido como absurdas desde mi más tierna infancia. Para mi han sido consuelos poco sólidos porque jamás he visto que detrás de esas creencias en otros mundos no hayan unos intereses muy de este mundo.
 

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