Vistas de página en total

viernes, 7 de junio de 2013

Papi pataslargas.

Las arañas son insectos, y en general los insectos no son animales que suelan despertar mucha empatía. Y ciertamente algunos pueden transmitir enfermedades, pero hasta un animal doméstico puede transmitirlas. La gente besa el hocico de sus perros que antes es posible que hayan olido mierda sin ningún problema, o se deja lamer cuando desconocemos por donde habrá pasado el animal la lengua que puede ser lo mismo, y luego dicen que los insectos son asquerosos. Los insectos, más incluso que los gatos, siempre se están acicalando. De pequeño hice cosas inmundas con las moscas y ahora me arrepiento; era una especie de moda infantil masculina. Una forma de sentirse poderoso con un pobre, diminuto e indefenso ser vivo. Una cobardía y crueldad sin nombre que no la justifica la infancia, ni ninguna otra crueldad. Actualmente respeto mucho a los insectos salvo a unos que se comen la ropa y los libros. Sé que lo hacen por supervivencia no por maldad, pero no puedo evitar  enfadarme. Aunque debo admitir que destrozando algún que otro libro despreciable me hayan hecho un favor sin buscarlo. También los mosquitos me parecen  odiosos pero de la misma manera egoísta; debiera ofrecerles mi sangre y aguantar la molestia, además los mosquitos de por aquí son totalmente inocuos, nada de malaria y esas cosas. Pero no tengo madera de santón masoquista. Si veo alguno si puedo lo aplasto con sumo placer. Así que por ello me gustan sobre todo las arañas que se los comen. De los insectos domésticos son sin duda mis preferidos. Son el equivalente al  felino en insecto: sólo comen, duermen (o más bien se quedan quietas porque en ellas es siempre un misterio si hacen una cosa u otra) largas horas, y fornican a la manera de la araña donde el macho siempre tiene las de perder pues o fornica y muere, o sólo muere en el intento. La primera alternativa tampoco es muy atrayente que digamos pero al menos es mejor que la segunda. Dadas esas condiciones me da que su vida sexual no es precisamente muy promiscua, sobre todo la del macho. La vida sexual de los insectos es así de extraña y extrema. Y  su vida en general. Tal vez tenga que ver conque la mayoría llevan el esqueleto por fuera, su exterioridad es pura armadura y su interior todo lo contrario. A los animales como nosotros nos sucede lo opuesto en todos los sentidos: de tanto ser blandos por fuera terminamos siendo una coraza por dentro. Mis arañas preferidas son las caseras de patas largas. Los ingleses las llaman 'Dady Longlegs', o sea, Papá Pataslargas, casi como Pipi Calzaslargas. Sus telas de araña al contrario de otras de otros tipos de araña que suelen ser muy hermosas y armoniosas, en su caso son de lo más chapuceras: parecen más bien estelas sucias malformadas que cuelgan de todas partes, tal vez porque al contrario también de otras no paran de moverse. Son como arañas nómadas. No obstante tienen la misma particularidad  que el resto de las telas de araña: cuando les da la luz brillan con una intensidad cuasimágica pero depende de lo cubiertas que estén de polvo que suele ser considerable y muchísimo más que el resto de las telas. También cuando llueve y se llenan de gotitas de agua brillan con el sol pero nunca son tan hermosas como el resto, además casi siempre hacen sus telas en el interior de oquedades o en espacio cubiertos; son tan “domésticas” como les permitan. Yo les permito mucho, tanto así que mis visitas hasta pueden molestarse. No entienden que si los gatos matan ratones que por suerte no tengo en mi casa, ellas me matan mosquitos y otros bichos volantes  así que no suelo quitarles las telas, salvo que lleven desalojadas mucho tiempo, cosa común porque nunca permanecen demasiado tiempo en las misma. Las arañas montan su red y esperan, no se estresan demasiado. Y hasta la “pataslargas” que se mueve mucho, cuando se queda embarazada busca su hueco, hace su nido y espera. Al nacer sus arañitas se la comen, y tras el único banquete familiar y parricida se disgregan para volver a repetirlo todo de nuevo: polvo violento con asesinato del macho, embarazo seguro de múltiples hijos, y banquete parricida. No obstante no todas, porque muchas terminan secas colgadas de una tela, y son, o machos no devorados por las hembras fecundadas porque no lo han intentado o no han encontrado pareja, o hembras que no encontraron quien las fecundara y en consecuencia hijos que las devoraran. Es una cosa como el final del Satiricón de Fellini, una vieja costumbre latina: el fallecido sólo ofrecía la herencia con la obligación de que se comieran su cadáver.

lunes, 3 de junio de 2013

Siempre tendrás algo a lo que amar.

 Quién puede decir que amó una vez. Pero de verdad, no esa especie de romanticismo idiota que te hace creer que se dan unas cosas que no se dan. Sentirse correspondido, todo eso que te hace vibrar con el abrazo del otro. Muy pocos. La mayoría no puede decirlo aunque igual lo niega porque queda mal reconocerlo. En mi caso han sido sólo momentos puntuales. La memoria te engaña para hacerte el recuerdo más grato si es lo que buscas, porque si buscas lo contrario también. En mi memoria hay momentos de correspondencia emocional mezclados con momentos de confusión, nunca esa sensación libre de la confusión. Hasta tal punto, que he llegado a pensar que eso de amar es una sensación subjetiva que se puede aplicar a cualquier experiencia igual que la contraria. Así que también la situación ayuda mucho: que una persona se interese y se acerque a ti por primera vez ya anima mucho la cosa aunque a continuación todo sea desastroso. A mi me aburre ya la gente, y en consecuencia el otro. Casi puedo decir que lo veo venir casi todo; o bien creer que sé lo que va a venir contribuye a que ocurra. Sea lo que fuere, sucede, y me aburre. Ya no busco arraigos ni correspondencias, pero como todo ser humano eso no quiere decir que no tenga mi carga sentimental necesitada de afecto. Pero mostrarla te lleva, al menos en mi caso, irremediablemente a ser utilizado por ello. La mayoría, casi instintivamente, cuando ven debilidad ven una víctima y la utilizan. Hasta yo mismo tal vez lo haga con otros sin ni siquiera ser consciente; sólo lo soy si lo hacen conmigo.  Quizá todo mi problema es que no estoy centrado, nunca lo estuve, soy un excéntrico crónico. Y lo peor, me siento bien siendo un excéntrico crónico a pesar de conocer sus fatales consecuencias. La palabra “centrarse” o “responsabilizarse” me recuerdan demasiado a otra palabra, la de “aburrimiento”. Pero por otro lado reconozco que es necesario hacerlo de alguna manera tanto por uno como por los demás, a los que a nivel genérico estimo más que uno por uno. Últimamente las pequeñas cosas me ocasionan momentos de felicidad imprevisible que es una forma de enamoramiento, y me gusta. Quizá lo intente suplir de esa forma. Me encanta escribir o leer a altas horas de la madrugada, enchufarme a Internet que puede llegar a ser una adicción, preparar un plato que me resulte exquisito o beber una cerveza o vino de calidad. Salir a dar una vuelta en bicicleta también a altas horas de la madrugada escuchando música mientras te da la brisa en la cara. Robar naranjas sabrosísimas en una huerta más arriba de mi casa. Escuchar blues en un tocadiscos o canciones de los años 40 y 50 mientras tomo el sol tirado en el balcón. Darme un baño en un pequeño puerto pesquero cerca un día de sol, visitar una playita nudista o un charquito volcánico que forma una piscinita, muy agradables ambos sólo cuando no hay demasiada gente. Tomarme un té verde o un chocolate en los dos únicos lugares que conozco interesantes para ello: uno por su patio, y otro por sus libros y buena música. Aunque siempre hay algo que te tiene que fastidiar a veces esos momentos placenteros, aún así sigo disfrutándolos e intento no angustiarme por pasados, presentes o futuros.

Siempre hay alguna chiquilla que a uno le gusta, pero son cada vez menos. El atractivo sexual es una cosa y otros tipos de atractivos son otra. Si se dan los dos perfecto, pero son pocos los casos. En este momento sólo me siento atraído por dos de esa forma y ambas tienen novio que además son agradables y buenas personas. Y aunque así no fuera, no creo que aspirara  más que a recibir de ellas su educación, que ya es de agradecer al menos, por lo que lo de los novios me viene bien como excusa para no admitir mi incapacidad de parecerles a ellas atractivo en un sentido o en otro. Y mucho menos en los dos. Aunque todo es posible siempre. Lo bueno y lo malo de vivir es precisamente eso.