Las arañas son insectos, y en general los insectos no son animales que suelan despertar mucha empatía. Y ciertamente algunos pueden transmitir enfermedades, pero hasta un animal doméstico puede transmitirlas. La gente besa el hocico de sus perros que antes es posible que hayan olido mierda sin ningún problema, o se deja lamer cuando desconocemos por donde habrá pasado el animal la lengua que puede ser lo mismo, y luego dicen que los insectos son asquerosos. Los insectos, más incluso que los gatos, siempre se están acicalando. De pequeño hice cosas inmundas con las moscas y ahora me arrepiento; era una especie de moda infantil masculina. Una forma de sentirse poderoso con un pobre, diminuto e indefenso ser vivo. Una cobardía y crueldad sin nombre que no la justifica la infancia, ni ninguna otra crueldad. Actualmente respeto mucho a los insectos salvo a unos que se comen la ropa y los libros. Sé que lo hacen por supervivencia no por maldad, pero no puedo evitar enfadarme. Aunque debo admitir que destrozando algún que otro libro despreciable me hayan hecho un favor sin buscarlo. También los mosquitos me parecen odiosos pero de la misma manera egoísta; debiera ofrecerles mi sangre y aguantar la molestia, además los mosquitos de por aquí son totalmente inocuos, nada de malaria y esas cosas. Pero no tengo madera de santón masoquista. Si veo alguno si puedo lo aplasto con sumo placer. Así que por ello me gustan sobre todo las arañas que se los comen. De los insectos domésticos son sin duda mis preferidos. Son el equivalente al felino en insecto: sólo comen, duermen (o más bien se quedan quietas porque en ellas es siempre un misterio si hacen una cosa u otra) largas horas, y fornican a la manera de la araña donde el macho siempre tiene las de perder pues o fornica y muere, o sólo muere en el intento. La primera alternativa tampoco es muy atrayente que digamos pero al menos es mejor que la segunda. Dadas esas condiciones me da que su vida sexual no es precisamente muy promiscua, sobre todo la del macho. La vida sexual de los insectos es así de extraña y extrema. Y su vida en general. Tal vez tenga que ver conque la mayoría llevan el esqueleto por fuera, su exterioridad es pura armadura y su interior todo lo contrario. A los animales como nosotros nos sucede lo opuesto en todos los sentidos: de tanto ser blandos por fuera terminamos siendo una coraza por dentro. Mis arañas preferidas son las caseras de patas largas. Los ingleses las llaman 'Dady Longlegs', o sea, Papá Pataslargas, casi como Pipi Calzaslargas. Sus telas de araña al contrario de otras de otros tipos de araña que suelen ser muy hermosas y armoniosas, en su caso son de lo más chapuceras: parecen más bien estelas sucias malformadas que cuelgan de todas partes, tal vez porque al contrario también de otras no paran de moverse. Son como arañas nómadas. No obstante tienen la misma particularidad que el resto de las telas de araña: cuando les da la luz brillan con una intensidad cuasimágica pero depende de lo cubiertas que estén de polvo que suele ser considerable y muchísimo más que el resto de las telas. También cuando llueve y se llenan de gotitas de agua brillan con el sol pero nunca son tan hermosas como el resto, además casi siempre hacen sus telas en el interior de oquedades o en espacio cubiertos; son tan “domésticas” como les permitan. Yo les permito mucho, tanto así que mis visitas hasta pueden molestarse. No entienden que si los gatos matan ratones que por suerte no tengo en mi casa, ellas me matan mosquitos y otros bichos volantes así que no suelo quitarles las telas, salvo que lleven desalojadas mucho tiempo, cosa común porque nunca permanecen demasiado tiempo en las misma. Las arañas montan su red y esperan, no se estresan demasiado. Y hasta la “pataslargas” que se mueve mucho, cuando se queda embarazada busca su hueco, hace su nido y espera. Al nacer sus arañitas se la comen, y tras el único banquete familiar y parricida se disgregan para volver a repetirlo todo de nuevo: polvo violento con asesinato del macho, embarazo seguro de múltiples hijos, y banquete parricida. No obstante no todas, porque muchas terminan secas colgadas de una tela, y son, o machos no devorados por las hembras fecundadas porque no lo han intentado o no han encontrado pareja, o hembras que no encontraron quien las fecundara y en consecuencia hijos que las devoraran. Es una cosa como el final del Satiricón de Fellini, una vieja costumbre latina: el fallecido sólo ofrecía la herencia con la obligación de que se comieran su cadáver.
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