Vistas de página en total

lunes, 3 de junio de 2013

Siempre tendrás algo a lo que amar.

 Quién puede decir que amó una vez. Pero de verdad, no esa especie de romanticismo idiota que te hace creer que se dan unas cosas que no se dan. Sentirse correspondido, todo eso que te hace vibrar con el abrazo del otro. Muy pocos. La mayoría no puede decirlo aunque igual lo niega porque queda mal reconocerlo. En mi caso han sido sólo momentos puntuales. La memoria te engaña para hacerte el recuerdo más grato si es lo que buscas, porque si buscas lo contrario también. En mi memoria hay momentos de correspondencia emocional mezclados con momentos de confusión, nunca esa sensación libre de la confusión. Hasta tal punto, que he llegado a pensar que eso de amar es una sensación subjetiva que se puede aplicar a cualquier experiencia igual que la contraria. Así que también la situación ayuda mucho: que una persona se interese y se acerque a ti por primera vez ya anima mucho la cosa aunque a continuación todo sea desastroso. A mi me aburre ya la gente, y en consecuencia el otro. Casi puedo decir que lo veo venir casi todo; o bien creer que sé lo que va a venir contribuye a que ocurra. Sea lo que fuere, sucede, y me aburre. Ya no busco arraigos ni correspondencias, pero como todo ser humano eso no quiere decir que no tenga mi carga sentimental necesitada de afecto. Pero mostrarla te lleva, al menos en mi caso, irremediablemente a ser utilizado por ello. La mayoría, casi instintivamente, cuando ven debilidad ven una víctima y la utilizan. Hasta yo mismo tal vez lo haga con otros sin ni siquiera ser consciente; sólo lo soy si lo hacen conmigo.  Quizá todo mi problema es que no estoy centrado, nunca lo estuve, soy un excéntrico crónico. Y lo peor, me siento bien siendo un excéntrico crónico a pesar de conocer sus fatales consecuencias. La palabra “centrarse” o “responsabilizarse” me recuerdan demasiado a otra palabra, la de “aburrimiento”. Pero por otro lado reconozco que es necesario hacerlo de alguna manera tanto por uno como por los demás, a los que a nivel genérico estimo más que uno por uno. Últimamente las pequeñas cosas me ocasionan momentos de felicidad imprevisible que es una forma de enamoramiento, y me gusta. Quizá lo intente suplir de esa forma. Me encanta escribir o leer a altas horas de la madrugada, enchufarme a Internet que puede llegar a ser una adicción, preparar un plato que me resulte exquisito o beber una cerveza o vino de calidad. Salir a dar una vuelta en bicicleta también a altas horas de la madrugada escuchando música mientras te da la brisa en la cara. Robar naranjas sabrosísimas en una huerta más arriba de mi casa. Escuchar blues en un tocadiscos o canciones de los años 40 y 50 mientras tomo el sol tirado en el balcón. Darme un baño en un pequeño puerto pesquero cerca un día de sol, visitar una playita nudista o un charquito volcánico que forma una piscinita, muy agradables ambos sólo cuando no hay demasiada gente. Tomarme un té verde o un chocolate en los dos únicos lugares que conozco interesantes para ello: uno por su patio, y otro por sus libros y buena música. Aunque siempre hay algo que te tiene que fastidiar a veces esos momentos placenteros, aún así sigo disfrutándolos e intento no angustiarme por pasados, presentes o futuros.

Siempre hay alguna chiquilla que a uno le gusta, pero son cada vez menos. El atractivo sexual es una cosa y otros tipos de atractivos son otra. Si se dan los dos perfecto, pero son pocos los casos. En este momento sólo me siento atraído por dos de esa forma y ambas tienen novio que además son agradables y buenas personas. Y aunque así no fuera, no creo que aspirara  más que a recibir de ellas su educación, que ya es de agradecer al menos, por lo que lo de los novios me viene bien como excusa para no admitir mi incapacidad de parecerles a ellas atractivo en un sentido o en otro. Y mucho menos en los dos. Aunque todo es posible siempre. Lo bueno y lo malo de vivir es precisamente eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario