Quién puede decir que amó una
vez. Pero de verdad, no esa especie de romanticismo idiota que te
hace creer que se dan unas cosas que no se dan. Sentirse
correspondido, todo eso que te hace vibrar con el abrazo del otro.
Muy pocos. La mayoría no puede decirlo aunque igual lo niega porque
queda mal reconocerlo. En mi caso han sido sólo momentos puntuales.
La memoria te engaña para hacerte el recuerdo más grato si es lo
que buscas, porque si buscas lo contrario también. En mi memoria hay
momentos de correspondencia emocional mezclados con momentos de
confusión, nunca esa sensación libre de la confusión. Hasta tal
punto, que he llegado a pensar que eso de amar es una sensación
subjetiva que se puede aplicar a cualquier experiencia igual que la
contraria. Así que también la situación ayuda mucho: que una
persona se interese y se acerque a ti por primera vez ya anima mucho
la cosa aunque a continuación todo sea desastroso. A mi me aburre
ya la gente, y en consecuencia el otro. Casi puedo decir que lo veo
venir casi todo; o bien creer que sé lo que va a venir contribuye a
que ocurra. Sea lo que fuere, sucede, y me aburre. Ya no busco
arraigos ni correspondencias, pero como todo ser humano eso no quiere
decir que no tenga mi carga sentimental necesitada de afecto. Pero
mostrarla te lleva, al menos en mi caso, irremediablemente a ser
utilizado por ello. La mayoría, casi instintivamente, cuando ven
debilidad ven una víctima y la utilizan. Hasta yo mismo tal vez lo
haga con otros sin ni siquiera ser consciente; sólo lo soy si lo
hacen conmigo. Quizá todo mi problema es que no estoy
centrado, nunca lo estuve, soy un excéntrico crónico. Y lo peor, me
siento bien siendo un excéntrico crónico a pesar de conocer sus
fatales consecuencias. La palabra “centrarse” o
“responsabilizarse” me recuerdan demasiado a otra palabra, la de
“aburrimiento”. Pero por otro lado reconozco que es necesario
hacerlo de alguna manera tanto por uno como por los demás, a los que
a nivel genérico estimo más que uno por uno. Últimamente las
pequeñas cosas me ocasionan momentos de felicidad imprevisible que
es una forma de enamoramiento, y me gusta. Quizá lo intente suplir
de esa forma. Me encanta escribir o leer a altas horas de la
madrugada, enchufarme a Internet que puede llegar a ser una adicción,
preparar un plato que me resulte exquisito o beber una cerveza o vino
de calidad. Salir a dar una vuelta en bicicleta también a altas
horas de la madrugada escuchando música mientras te da la brisa en
la cara. Robar naranjas sabrosísimas en una huerta más arriba de
mi casa. Escuchar blues en un tocadiscos o canciones de los años 40
y 50 mientras tomo el sol tirado en el balcón. Darme un baño en un
pequeño puerto pesquero cerca un día de sol, visitar una playita
nudista o un charquito volcánico que forma una piscinita, muy
agradables ambos sólo cuando no hay demasiada gente. Tomarme un té
verde o un chocolate en los dos únicos lugares que conozco
interesantes para ello: uno por su patio, y otro por sus libros y
buena música. Aunque siempre hay algo que te tiene que fastidiar a
veces esos momentos placenteros, aún así sigo disfrutándolos e
intento no angustiarme por pasados, presentes o futuros.
Siempre hay alguna chiquilla que a uno
le gusta, pero son cada vez menos. El atractivo sexual es una cosa y
otros tipos de atractivos son otra. Si se dan los dos perfecto, pero
son pocos los casos. En este momento sólo me siento atraído por dos
de esa forma y ambas tienen novio que además son agradables y buenas
personas. Y aunque así no fuera, no creo que aspirara más que a
recibir de ellas su educación, que ya es de agradecer al menos, por
lo que lo de los novios me viene bien como excusa para no admitir mi
incapacidad de parecerles a ellas atractivo en un sentido o en otro.
Y mucho menos en los dos. Aunque todo es posible siempre. Lo
bueno y lo malo de vivir es precisamente eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario