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sábado, 28 de septiembre de 2013

ESPECIALISTAS Y DILETANTES; OPORTUNISTAS Y FANÁTICOS


El auge de los especialistas va a la par que el de los analfabetos funcionales, así que puede ser sospechoso de ser otra clase de analfabetismo funcional menos evidente. El especialista, que lo puede ser de varias cosas, centra tanto su esfuerzo intelectual en su especialidad o especialidades, que luego se le escapa todo lo demás, o bien no le presta atención. A él van dirigidos todos esos libros tan en boga también especializados. Además, cómo no, se siente especial y los que no dominan su lenguaje especializado le alimentan esa sensación y muchas veces hasta le pagan por ella.
Entre el especialista y el diletante podría haber todo un abanico de posibilidades que se oscurecen cuando proliferan ambas formas de entender el conocimiento. Es comparable a otros matices de las sociedades que Bauman llama ''líquidas'': oportunismo o fanatismo, vemos muy pocos matices en la mayoría. 
 

viernes, 16 de agosto de 2013

El ''Ser'' y el estreñimiento.


En primer lugar es difícil saber que significa eso de ''estar bien'' que se suele preguntar por ahí más por un asunto protocolario que porque tenga algo de significado para el que te lo pregunta. ''Te encuentras bien'' que también se pregunta tendría más sentido. Recuerdo que en el castellano existe la peculiaridad de diferenciar ''el ser'' del ''estar'', dos verbos muy auxiliares, pero en este caso se confunden, o bien se quieren confundir; ''estar bien'' es como decir ''ser bien'' (encontrarte bien), o sea una situación más existencial que concreta, como de disfrutar de un estado de bienestar que es otra vez confundir palabras pues debería ser ''bienser''que no existe en castellano. 
Sin embargo a pesar de esta peculiaridad  de diferenciar el ''ser'' del ''estar''como verbos, al contrario de otras culturas no les ha dado por rebanarse mucho los sesos con esa cosa del ''Ser''. ¿Un equivalente de Heidegger podría ser Ortega y Gasset? Pues me da que no. Ortega es realmente más vital que el otro que era más de cabaña y cantos de la tierra... desde el interior de la cabaña. Así que yo diría que en castellano a pesar de esa diferenciación lingüística, no existe un paralelo en el pensamiento no tan sólo académico, sino hasta popular. Nadie piensa sobre el ''Ser'' o algo que se le parezca cuando ''está'' tomando el sol en una terraza de verano, y también un alemán de visita, sobre todo ellos. El ''Ser' parece ser una cosa de encierros externos e internos y soledades grises melancólicas. Pero en Grecia también era pensado el ''Ser'', otro país de mucho sol, mas hablamos de la Grecia clásica muy diferente de la de hoy. Y quizá no hablamos siquiera de la Grecia clásica sino de la Atenas clásica que era algo bien distinto de lo que tenía en derredor.
    En suma, cuando se está bien, no se piensa en el ''Ser'', porque pensar en el ''Ser'' inmediatamente te lleva a pensar en la muerte como Heidegger, que a propósito siempre me pareció por sus fotos un estreñido; como si estuviera molesto con algo interno que no pudiera expulsar y que le amargaba la vida volviéndolo pensamiento. Su mismo bigote es una especie de síntoma de bigote de estreñido, pequeño y debajo de la nariz, tan hitleriano, otro estreñido sin duda. Los estreñidos siempre están pensando en expulsar, en depurar, en limpiar, como es lógico. Es su obsesión. Esa y la de devorar ''espacio vital'' para tener un lugar tranquilo donde cagar demorándose lo que se quiera sin que nadie moleste. Les encanta por ello también los espacios vacíos, las soledades, los individualismos, y cómo no, el tiempo, que no es más que tiempo de espera que da mucho juego a las posibilidades de pensamiento. Tal vez si Heidegger y Hitler no hubieran sido estreñidos no hablaríamos de ellos. En el caso del segundo sería una suerte, pero en el caso del primero tal vez no tanto. El Ser y el Tiempo sin duda es un gran libro, pero le faltó añadir ''y el espacio''. No obstante el que conoce la obra sabe que aunque no aparezca en el título el concepto ''espacio'' ocupa una parte importante de la misma.
Así que la próxima vez que me pregunten si estoy bien les contestaré: ''Sí, y además cago muy bien''. Seguramente no me entenderán, pero yo sí que es lo importante.

viernes, 7 de junio de 2013

Papi pataslargas.

Las arañas son insectos, y en general los insectos no son animales que suelan despertar mucha empatía. Y ciertamente algunos pueden transmitir enfermedades, pero hasta un animal doméstico puede transmitirlas. La gente besa el hocico de sus perros que antes es posible que hayan olido mierda sin ningún problema, o se deja lamer cuando desconocemos por donde habrá pasado el animal la lengua que puede ser lo mismo, y luego dicen que los insectos son asquerosos. Los insectos, más incluso que los gatos, siempre se están acicalando. De pequeño hice cosas inmundas con las moscas y ahora me arrepiento; era una especie de moda infantil masculina. Una forma de sentirse poderoso con un pobre, diminuto e indefenso ser vivo. Una cobardía y crueldad sin nombre que no la justifica la infancia, ni ninguna otra crueldad. Actualmente respeto mucho a los insectos salvo a unos que se comen la ropa y los libros. Sé que lo hacen por supervivencia no por maldad, pero no puedo evitar  enfadarme. Aunque debo admitir que destrozando algún que otro libro despreciable me hayan hecho un favor sin buscarlo. También los mosquitos me parecen  odiosos pero de la misma manera egoísta; debiera ofrecerles mi sangre y aguantar la molestia, además los mosquitos de por aquí son totalmente inocuos, nada de malaria y esas cosas. Pero no tengo madera de santón masoquista. Si veo alguno si puedo lo aplasto con sumo placer. Así que por ello me gustan sobre todo las arañas que se los comen. De los insectos domésticos son sin duda mis preferidos. Son el equivalente al  felino en insecto: sólo comen, duermen (o más bien se quedan quietas porque en ellas es siempre un misterio si hacen una cosa u otra) largas horas, y fornican a la manera de la araña donde el macho siempre tiene las de perder pues o fornica y muere, o sólo muere en el intento. La primera alternativa tampoco es muy atrayente que digamos pero al menos es mejor que la segunda. Dadas esas condiciones me da que su vida sexual no es precisamente muy promiscua, sobre todo la del macho. La vida sexual de los insectos es así de extraña y extrema. Y  su vida en general. Tal vez tenga que ver conque la mayoría llevan el esqueleto por fuera, su exterioridad es pura armadura y su interior todo lo contrario. A los animales como nosotros nos sucede lo opuesto en todos los sentidos: de tanto ser blandos por fuera terminamos siendo una coraza por dentro. Mis arañas preferidas son las caseras de patas largas. Los ingleses las llaman 'Dady Longlegs', o sea, Papá Pataslargas, casi como Pipi Calzaslargas. Sus telas de araña al contrario de otras de otros tipos de araña que suelen ser muy hermosas y armoniosas, en su caso son de lo más chapuceras: parecen más bien estelas sucias malformadas que cuelgan de todas partes, tal vez porque al contrario también de otras no paran de moverse. Son como arañas nómadas. No obstante tienen la misma particularidad  que el resto de las telas de araña: cuando les da la luz brillan con una intensidad cuasimágica pero depende de lo cubiertas que estén de polvo que suele ser considerable y muchísimo más que el resto de las telas. También cuando llueve y se llenan de gotitas de agua brillan con el sol pero nunca son tan hermosas como el resto, además casi siempre hacen sus telas en el interior de oquedades o en espacio cubiertos; son tan “domésticas” como les permitan. Yo les permito mucho, tanto así que mis visitas hasta pueden molestarse. No entienden que si los gatos matan ratones que por suerte no tengo en mi casa, ellas me matan mosquitos y otros bichos volantes  así que no suelo quitarles las telas, salvo que lleven desalojadas mucho tiempo, cosa común porque nunca permanecen demasiado tiempo en las misma. Las arañas montan su red y esperan, no se estresan demasiado. Y hasta la “pataslargas” que se mueve mucho, cuando se queda embarazada busca su hueco, hace su nido y espera. Al nacer sus arañitas se la comen, y tras el único banquete familiar y parricida se disgregan para volver a repetirlo todo de nuevo: polvo violento con asesinato del macho, embarazo seguro de múltiples hijos, y banquete parricida. No obstante no todas, porque muchas terminan secas colgadas de una tela, y son, o machos no devorados por las hembras fecundadas porque no lo han intentado o no han encontrado pareja, o hembras que no encontraron quien las fecundara y en consecuencia hijos que las devoraran. Es una cosa como el final del Satiricón de Fellini, una vieja costumbre latina: el fallecido sólo ofrecía la herencia con la obligación de que se comieran su cadáver.

lunes, 3 de junio de 2013

Siempre tendrás algo a lo que amar.

 Quién puede decir que amó una vez. Pero de verdad, no esa especie de romanticismo idiota que te hace creer que se dan unas cosas que no se dan. Sentirse correspondido, todo eso que te hace vibrar con el abrazo del otro. Muy pocos. La mayoría no puede decirlo aunque igual lo niega porque queda mal reconocerlo. En mi caso han sido sólo momentos puntuales. La memoria te engaña para hacerte el recuerdo más grato si es lo que buscas, porque si buscas lo contrario también. En mi memoria hay momentos de correspondencia emocional mezclados con momentos de confusión, nunca esa sensación libre de la confusión. Hasta tal punto, que he llegado a pensar que eso de amar es una sensación subjetiva que se puede aplicar a cualquier experiencia igual que la contraria. Así que también la situación ayuda mucho: que una persona se interese y se acerque a ti por primera vez ya anima mucho la cosa aunque a continuación todo sea desastroso. A mi me aburre ya la gente, y en consecuencia el otro. Casi puedo decir que lo veo venir casi todo; o bien creer que sé lo que va a venir contribuye a que ocurra. Sea lo que fuere, sucede, y me aburre. Ya no busco arraigos ni correspondencias, pero como todo ser humano eso no quiere decir que no tenga mi carga sentimental necesitada de afecto. Pero mostrarla te lleva, al menos en mi caso, irremediablemente a ser utilizado por ello. La mayoría, casi instintivamente, cuando ven debilidad ven una víctima y la utilizan. Hasta yo mismo tal vez lo haga con otros sin ni siquiera ser consciente; sólo lo soy si lo hacen conmigo.  Quizá todo mi problema es que no estoy centrado, nunca lo estuve, soy un excéntrico crónico. Y lo peor, me siento bien siendo un excéntrico crónico a pesar de conocer sus fatales consecuencias. La palabra “centrarse” o “responsabilizarse” me recuerdan demasiado a otra palabra, la de “aburrimiento”. Pero por otro lado reconozco que es necesario hacerlo de alguna manera tanto por uno como por los demás, a los que a nivel genérico estimo más que uno por uno. Últimamente las pequeñas cosas me ocasionan momentos de felicidad imprevisible que es una forma de enamoramiento, y me gusta. Quizá lo intente suplir de esa forma. Me encanta escribir o leer a altas horas de la madrugada, enchufarme a Internet que puede llegar a ser una adicción, preparar un plato que me resulte exquisito o beber una cerveza o vino de calidad. Salir a dar una vuelta en bicicleta también a altas horas de la madrugada escuchando música mientras te da la brisa en la cara. Robar naranjas sabrosísimas en una huerta más arriba de mi casa. Escuchar blues en un tocadiscos o canciones de los años 40 y 50 mientras tomo el sol tirado en el balcón. Darme un baño en un pequeño puerto pesquero cerca un día de sol, visitar una playita nudista o un charquito volcánico que forma una piscinita, muy agradables ambos sólo cuando no hay demasiada gente. Tomarme un té verde o un chocolate en los dos únicos lugares que conozco interesantes para ello: uno por su patio, y otro por sus libros y buena música. Aunque siempre hay algo que te tiene que fastidiar a veces esos momentos placenteros, aún así sigo disfrutándolos e intento no angustiarme por pasados, presentes o futuros.

Siempre hay alguna chiquilla que a uno le gusta, pero son cada vez menos. El atractivo sexual es una cosa y otros tipos de atractivos son otra. Si se dan los dos perfecto, pero son pocos los casos. En este momento sólo me siento atraído por dos de esa forma y ambas tienen novio que además son agradables y buenas personas. Y aunque así no fuera, no creo que aspirara  más que a recibir de ellas su educación, que ya es de agradecer al menos, por lo que lo de los novios me viene bien como excusa para no admitir mi incapacidad de parecerles a ellas atractivo en un sentido o en otro. Y mucho menos en los dos. Aunque todo es posible siempre. Lo bueno y lo malo de vivir es precisamente eso.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Ray Charles y la ignorancia.

No creo que haya una persona que deteste tanto la ignorancia, hasta la mía propia, como yo. Tanto así que siempre intento que todo lo que diga sea entendido, y hago al menos el esfuerzo para ello si veo que hay predisposición por la otra parte claro, porque a veces es imposible. Pero sin embargo reconozco que la ignorancia de otros a veces me ha beneficiado y en muchos casos sin buscarlo. El caso que más recuerdo es el de un concierto de nada menos que Ray Charles. El genio ya fallecido vino hace muchos años a Tenerife, y fue la primera y la última que estuvo en Canarias. Lo conocía pero era casi adolescente y para mí fue un poco aventura trasladarme a 30 kilómetros de donde vivía para verlo, pero tenía un inconveniente: no tenía dinero para la entrada. Me conformaba con oírlo por fuera. Tuve la suerte de que antes de Ray Charles tocaba un grupo local horroroso y una pareja salió aburrida y me regaló la entrada. Me da a mi que no tenían ni idea de lo que se iban a perder, pero aquel concierto fue de los mejores que he visto en mi vida, y he visto muy buenos también en ese estilo como a Miles Davis y Oscar Peterson, todos fallecidos y también fantásticos, pero el de Ray fue una maravilla. Muchos años después estaba en un ''ciber'' y leyendo la prensa virtual me enteré que había fallecido. Salí del 'ciber' y no pude evitar decirle a una pareja que pasaba por la calle, y que no conocía, que se había muerto Ray Charles. Fue algo instintivo que me trasladó a ese otro momento de la otra pareja que muchos años atrás me había regalado una entrada para verlo; como una especie de intento inconsciente de enmendar aquella ignorancia que me benefició. En este caso la chica de la pareja sí sabía quien era Ray y los dos nos miramos con complicidad sin conocernos y ella contestó con media voz muy sentida: ''Joer qué putada''. Ya lo creo le contesté, yo lo vi aquí mismo en La Laguna hace un montón de años...

domingo, 5 de mayo de 2013

Soledad.


La noche es noche porque si pertenece a una intranquilidad es a la interna, a no ser que vivas en el medio de una ciudad que nunca duerme. La soledad es nocturna. A algunos por eso les gusta estar acompañados a esas horas, incluso les aterra no estarlo. Pero siempre, te guste o no, debes enfrentarte con tu soledad, así que es mejor estar acostumbrado. Con la soledad, con la oscuridad y con la noche. Y ojalá fuera la ''Noche Oscura'' de la que hablaba Juan de la Cruz.
En cierto momento andaba yo en un barco algo somnoliento y mareado intentando que la brisa marina me relajara un poco. El trayecto no era largo y tampoco andaba el mar demasiado revuelto, pero yo sí andaba un tanto revuelto interiormente tumbado boca arriba sobre un banco de madera de la cubierta. Apareció una muchacha y se sentó a mi lado. Casi no hablaba, era yo el que le hablaba sin parar. Le regalé hasta una copa que llevaba encima por no sé qué extraño motivo que no recuerdo. Después de varias horas disfrutando de su compañía serena, casi silenciosa si no fuera porque de vez en cuando asentía con la cabeza o respondía con algún monosílabo, y sobre todo de su belleza, al despedirse me dijo sólo dos cosas: que era uruguaya y se llamaba Soledad. Sin lugar a dudas tomé aquella experiencia también como un metáfora.  

domingo, 21 de abril de 2013

Siempre paso por un lugar por donde de vez en cuando salto un pequeño muro  y robo unas cuantas sabrosísimas naranjas  de un huerto de fácil acceso. El otro día descubrí que conocía al que cuidaba el huerto porque se me acercó, por  suerte cuando aún no había entrado, y hablamos. Fue una situación un tanto surrealista ya que exageraba cuando decía que le habían robado 25  kilos de naranjas cuando aquellos naranjos no llegaban ni a los 3 kilos. La conversación se hizo cada vez más absurda  sobre todo cuando intentaba convencerlo de que quizás debería vallar la huerta o tener perros por la zona cuando me decía alterado que iba a utilizar, según el, una escopeta contra los ladrones que creía eran varios.  
Es muy difícil poder lograr charlar  en algún momento de tu vida  con aquel que consideras amenaza sin que lo sepa, y verlo todo desde su perspectiva.  Aunque aquel encuentro fue casual, me hizo sentirme un poco culpable, a pesar de que la huerta estaba bastante abandonada  por mucho que dijera su cuidador. Hasta tal punto, que no volví a robarle las sabrosas naranjas que aún quedan desde hace mucho tiempo sin recoger,  y eso que no creo que ponga perros y que tenga una escopeta...

A veces la empatía no es buscada sino encontrada.


jueves, 18 de abril de 2013

Es que la verdad no es justa ni hermosa.

--> Todos, absolutamente todos, sabemos perfectamente que vamos a morir a no ser que se esté enajenado o se tenga alguna tara mental. Esa conciencia de mortalidad nos persigue desde la primera vez que la tenemos. Como un viejo dicho indio dice, es como una sombra que aunque esté más o menos difuminada siempre esta ahí. Está ahí, pendiente de nosotros, y en cualquier momento nos salta encima, pero es mejor no saber cuándo.
Hay quien cree que se puede ocultar esa sombra tapando la luz del sol con una mano de cirugía, con una sombrilla de olvido, con un techo de supuestas seguridades, o con cualquier cosa más o menos importante que nos despiste de esa terrible y absoluta verdad. Pero todo es en vano.
Como es bien sabido los niños no pueden aceptar ese descubrimiento del todo. Consideran imposible la desaparición de alguien mientras su cuerpo sigue presente. Según Freud Dios es un intento conceptual de imitar ese comportamiento infantil que no entiende la no permanencia. Y con Dios, la religión. La religión, que etimológicamente significa vínculo, intenta dar un sentido reforzado por el ritual al misterio de esa no permanencia. Ritual personal o colectivo, que en casos extremos como el de algunas religiones lleva al éxtasis, o sea, a un estado catártico de  trascendencia más allá de tu cuerpo; o bien, una sensación de que se está produciendo esa trascendencia también para el observador. Sea lo que fuere, es difícil entender, y más aceptar, que venimos de una nada y vamos hacia otra, y convertirnos en unos ''extranjeros'' como el de la novela del mismo nombre de Camus.  Que la vida que percibimos como algo personal no es más que un proceso muy breve de decadencia, de limitación sin sentido,  que no para mucha gente es soportable y gratificante, y para los que lo es sólo en muy pocos momentos. No hay más que recordar aquel famoso monólogo de Shakespeare en el que Hamlet se lamenta de todos los malestares de esta vida que serían fáciles de evitar con un simple suicidio si ello no conllevara la posible desaparición absoluta de tu persona, o por lo menos si el misterio que trae consigo la muerte no fuera tal: Entre la muerte y lo que no sabemos que vendrá después, y lo que sabemos que puede venir en esta vida que pudiera ser aún más terrible, casi todos elegimos lo segundo. Casi todos....
Sin embargo, algún momento muy brillante aparece de repente y nos devuelve las ganas de vivir, el deseo de vivir, o por lo menos lo atisbamos detrás de una rendija. Quizá son esos momentos, o la esperanza de que lleguen esos momentos lo único que nos da sentido.   No es la felicidad lo que da el sentido como piensa mucha gente, es el sentido lo que da la felicidad, que no la euforia que se confunde pero nada tiene que ver.  


 La cronología  nos hace creer que el tiempo no es más que un espacio sin ninguna posibilidad que no sea simbólica, de ser contado. La cronología intenta unificar todos los tiempos posibles cuando cada uno de los tiempos son heterogéneos: el tiempo personal, el tiempo social, el tiempo de una ciudad, el tiempo un pueblo... son todas percepciones a veces muy personales que no se pueden homogeneizar...


Somos seres simbólicos, significativos, pero más bien insignificantes. Algo tan terrible de aceptar como la misma muerte: Nuestra insignificancia siendo a la vez seres tan sedientos de significados. Vemos una cosa, y queremos ver o entender otra. Y no necesariamente esa cosa tiene que guardar algún tipo de relación directa con su interpretación. No tiene siquiera que guardar algún parecido con esa interpretación, con ese significado. Una de las pocas definiciones que podríamos dar al ser humano es el de simbólico o significativo, pues otras definiciones siempre pueden caer en el terreno de la ambigüedad, ya que pueden ser aplicadas a otros seres vivos, o a otros animales. Hasta incluso la comunicación o cierto grado de racionalidad, si entendemos por racionalidad lo que entendían los romanos, o sea, la capacidad de cálculo, o la capacidad de satisfacer determinadas exigencias relacionadas con el entorno y la supervivencia. La muerte en cambio es aquello que carece absolutamente de significado, un absurdo permanente que sin embargo es la manifestación más clara de permanencia porque es lo único seguro. Una paradoja insalvable. Como decía el gran Píndaro: ''¿Qué somos? ¿Qué no somos? Somos el sueño de una sombra..''. Tal vez no más, añadiría.

 




lunes, 15 de abril de 2013

Imago mundi.

Imagen en una pared, tras la puerta, en una pantalla. Siempre imagen. Es como un sol que de tanto brillar ya no deja ver nada. Unos pitidos en diferentes tonos, a veces agudos, a veces graves, a veces indefinibles
La imagen que siempre oculta algo. Atrayente, repulsiva, distante, cercana pero como un humo que  nunca puedes tocar de veras, y que cuando estás en una habitación demasiado cargada te asfixias. Ciertas imagenes son tan cancerígenas como ciertos humos. Se te meten dentro sin que te enteres, te hacen daño en el cerebro a través de todos los conductos.
Intento ver que puede haber detrás de tanta imagen pero pocas veces lo consigo. Se ha vuelto complicado, extremadamente complicado. Ya no hay espacios  del todo sin humos y sin imágenes. Aún así a veces, muy pocas veces, logró ver algo más detrás de ellas y recupero la ceguera.   

viernes, 12 de abril de 2013

Bugs Bunny mi héroe infantil.

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Recuerdo pocos momentos de mi vida en los que no tuviese que aguantar a algún grupo de matones, a un desgraciado envidioso y/o rencoroso, o algún tipo o tipos que en algún momento te gustaría siempre poder evitar. Esos que te amargan o te arruinan el presente continuo continuamente, y que si te ven huyendo de él o ellos lo entienden como debilidad. Me he visto obligado a entender su psicología pero no porque me atraiga lo más mínimo sino por cuestiones de supervivencia. Un comportamiento muchas veces de manada más biológico, y por ello animal, que racional. Esa gente funciona siempre como un animal en caza que marca territorio y que le molesta que no les agaches la cabeza y te les enfrentes. No hay cosa que más les moleste porque su disfrute consiste básicamente en sentir su poder, el miedo de otro, su sumisión. No consienten siquiera un pequeño gesto que consideren de desafío. Hacía tiempo que no sentía de nuevo esa molesta sensación de un prepotente que se te enfrenta, además de la clase más sociable, el de ''chulo de grupo''; solos normalmente son unos cagados de lo peor. Resultó porque de vez en cuando visitaba a un amigo que trabaja en una tienda 24 horas, una muy buena persona incapaz de hacer daño a nadie, y como el grupito del prepotente adolescente descubrió su debilidad le robaban en sus narices. Cuando me vieron la primera vez charlando con mi amigo, el ''jefe'' de la manada casi me olisqueó como un perro para comprobar si la debilidad de mi amigo era compartida. La sensación fue tan desagradable que no dudé hacerle frente y mandarlo a cagar. Al poco tiempo mi amigo perdió el trabajo gracias a ellos y ahora me los veo de vez en cuando en actitud amenazante. La última vez ayer. Pasé a su lado haciendo lo peor: mostrarles temor en la cara. Mientras me iba alejando los insultos eran cada vez mayores. Pensé en retroceder, ir directamente al jefe de la manada, un adolescente cojo y bastante feo, y darle una patada en... Probablemente es lo único que entienden, y por mi experiencia lamentable al respecto que por desgracia es mucha, la única manera de que te dejen en paz y te cojan respeto. Pero no lo hice por diferentes razones: la primera es que odio la violencia, y la segunda, y fundamental, que nunca le he pegado a nadie y no sabría cómo hacerlo. Seguramente si lo intentara me saldría fatal y tendría hasta peores resultados ¿Qué debiera hacer entonces? Meterme en una academia de artes marciales, o intentar evitarlos. Lo segundo es complicado porque mis espacios transitados son muy pequeños, camino mucho y me gusta, y no quiero limitarlos más aún. Y lo primero no sé, me interesan más otras cosas y no me sobra el dinero. Así que tendré que seguir soportando los insultos de esos cretinos hasta que desaparezcan. No obstante tampoco es que me atemoricen demasiado siempre y cuando no pasen de las palabras. Después se preguntan porque a algunos de pequeños nos gustaban tanto los dibujos animados de Bugs Bunny. Simplemente nos identificábamos con él y disfrutábamos viendo como le tomaba el pelo al cazador.

martes, 2 de abril de 2013

La imagen no es la Pipa.

    Ayer un señor algo mayor y con muletas intentó mirar a los ojos de un grupo de esperadores entre los que me encontraba en una parada de buses intentando buscar complicidad. Cuando creyó encontrar a alguien que parecía devolverle la mirada le recordó el santo del día: ''San Pío el santo de la barriada'', dijo como intentando ser gracioso. Pero no encontró ni siquiera rechazo por el comentario, más bien indiferencia. ''Eso será'' respondió un desganado que mandaba mensajes por un móvil. Al poco rato lo abordó una señora que pudiera ser su hija, lo cogió del brazo, y se lo llevó un poco enfadada. Parece ser que el señor la estaba dejando mal. Intentó comunicarse con desconocidos... Oh qué horror!!! La normalidad parece que dicta que te comuniques con desconocidos pero a través de maquinitas; que incluso hables ''solo'' a maquinitas a las que siempre les falta la batería, a las que siempre les falta algo. La normalidad, como casi siempre, se ha vuelto idiota. La imagen es ya alucinación sobrevalorada. Nos educan para estar pendientes de esas especies de alucinaciones colectivas medio publicidad, medio cine, o sea, medio nada, medio estupidez. Pendientes de imágenes en pantallas cuanto más grandes mejor. Así la alucinación es mucho mayor también. Simplemente no vemos, o no queremos ver, lo que pasa alrededor. Y si lo vemos no le damos importancia. Recuerdo que hace un tiempo fui con una amiga a una fiesta de una playa. Ella simplemente se fue con otro. Aquello como es lógico no sólo no me agradó y me fastidió la fiesta, sino que me llevó a una esquina donde no paraba de llorar. Otra chica se fijó en aquello y me intentaba consolar. Pero no podía prestarle atención, sólo pensaba en lo otro. No se lo supe agradecer. Seguramente tenía un corazón de oro y sólo por eso sería más interesante que mi otra amiga, no obstante yo estaba ''en lo otro''. 
   El problema de no estar pendiente del aquí y el ahora es que igual te olvidas de lo más importante. Todas esas maquinitas son tecnologías para despistarte de ello con demasiada facilidad.

sábado, 30 de marzo de 2013

PALABRAS NO PARA JULIA.

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    Parece ser que el diseñador Paco Rabanne dice que vio a Dios a los 26 años. Lamentablemente si tomamos en cuenta que fue el mismo que dijo hace unos años que París iba a ser arrasada por un meteorito con una supuesta total seguridad como la que dice tener sobre esto, no se hace muy creíble que digamos la primera afirmación. No obstante si él lo cree seguro le es muy útil. En algunos momentos vividos te sientes como dice el poema de Goytisolo y canción de Ibañez perdido y solo, así que esos consuelos seguro son de lo más reconfortantes. De un tiempo para acá controlo más mis emociones; no me derriban del todo. Digamos que he aprendido, o más bien adquirido, cierto estoicismo muy útil. Hace unos años le extirparon unos bultos a mi madre del útero, y como estamos tan unidos fue casi como si me los extirparan a mi. Por suerte no eran cancerosos, pero al contrario de sentirme abatido experimenté nuevas sensaciones como de superación. Un extraño impulso que me hizo relativizarlo todo y superar cualquier abatimiento autodestructivo. Tal vez como un instinto de supervivencia nada racional. Mi madre nunca se había enfrentado tan de cerca a la muerte y lo llevaba muy mal. Antes de la operación se drogada mucho de pastillas. En cambio yo me hice como más fuerte. Acepté. Y de paso aprendí a aceptar más cosas de mi propia vida. Por las fechas me ocurrieron sucesos muy curiosos que como siempre tiendes a relacionar. Conocí a una chica  fuerte y mantuvimos un corto pero intenso idilio  contradictorio. Ella parecía tener una especie de trastorno bipolar al menos conmigo. Necesitado de afecto me dejé llevar sin pensarlo demasiado por una breve situación muy extrema de amor y rechazo mezclado con dosis intensas de sexo,  muy poco ya que ella pensaba marcharse muy lejos a los pocos días. A la vez un amigo por esa fecha se cayó a un barranco o se suicidó, nunca lo supe, pero viendo lo mal que andaba hay muchas posibilidades que fuera lo segundo. Así que aquel idilio,  con lo que me rodeaba, lo viví con una total despreocupación catárquica necesaria, a pesar de que ella a veces era violenta conmigo, pero creo que no únicamente conmigo sino hasta con ella; era todo un personaje con el que tuve una relación ciertamente de lo más ambigua. A pesar de todo eso aprendí a quererla y a veces hasta emocionarme conociendo las limitaciones.  Su pasado familiar era tan duro como ella misma, pero estar tirado en una cama acompañado días completos puede estar muy bien. Olvidarse del mundo y centrarse en un microcosmos muy íntimo aunque no te libres de alguna discusión. Pero el hecho de que por esos días pudiese olvidarme del mundo siempre se lo agradecí. Me hizo feliz por momentos. Y antes de marcharse le pedí que rezara un Kadish conmigo en un cementerio para un amigo, ya que la tradición pide rezarlo con una mujer. Y para mi sorpresa accedió.

   Aún disfrutó por suerte de mi madre y espero que sea por mucho tiempo. Y también sigo teniendo esa especie de fortaleza y aceptación que quizá adquirí en esos días. Pero hay momentos como esta semana que aún así son especialmente duros. Algunas malas noticias personales me hieren y me cuesta más sobreponerme. Observo como si todo se desmoronara a mi alrededor. Rostros tristes, incluso amargados. Y yo me alejo de las cosas como por una especie de miedo al dolor y al compromiso; en estas situaciones me aislo voluntariamente. Me cansan aún más los demás de lo habitual que es ya demasiado. Sólo busco como aquella frase atribuida a Diógenes el cínico, un lugar al sol, aunque más bien un lugar a la luna. Lo único menos interesante de la noche es que no tenga sol ni cantos de pájaros, pero la luna y los croares de ranas es a veces un buen sustituto. Cosas que sólo se encuentran en los pueblos; la luna de las ciudades parece otra.  Y por supuesto la noche  aventaja al día en la tranquilidad y el silencio. Lástima que si vives la noche difícilmente puedes vivir el día. Los pueblos pueden ser un infierno pero más bien por la gente. Aún así prefiero ese infierno que el otro de las ciudades aunque sean provincianas. La única ciudad de esta isla es casi un pueblo y es repugnante: tiene pretensiones provincianas mezquinas de ciudad, huele mal, su arquitectura es horrorosa, es impersonal, y encima está llena de idiotas de todo tipo y un montón de gente de paso. Es un lugar donde el cinismo casi parece que se puede oler y huele tan mal como el resto. Su costa es un muelle que la ocupa por completo. Y da la sensación de que siempre hay un calor pegajoso con olor a humo de automóviles que todo lo inundan. Prefiero el agujero con salida al mar donde vivo y sino estuviera plagado de tantos amargados gilipollas,  y  ser tan inclinado, sería hasta perfecto. Su biblioteca pública es perfecta eso sí; situada en un caserón de patio interno es de lo más acogedora. Y las playas de arena negra y un pequeño muelle donde aún te puedes bañar sin llenarte de grasa de barco también lo son.

    Mi pecado sigue siendo la pereza. Si nada me mueve a levantarme del sofá pasarían días con mis libritos y mis pelis cerca. Y si como me ocurre en estos días ando decaído es peor. Pero siempre la curiosidad y sobre todo la necesidad te levantan. Por suerte!

domingo, 17 de marzo de 2013

LA HUMANIDAD MENOS COMPLICADA QUE LAS PERSONAS.

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    Hobbes al contrario de lo que se pudiera pensar no era nada misántropo, tan sólo precavido. Elaboraba una fortaleza intelectual a su alrededor igual que la que seguro tendría materialmente. Me lo imagino escribiendo su famoso Leviatán separado del mundo por siete puertas cerradas por siete llaves. Todos sentimos necesidad de afecto y reconocimiento, por no decir sexo, pero los otros, incluso el otro que ya no es una muchedumbre impersonal e inquietante, produce tanto desasosiego como a veces incluso terror; lo que decía Canetti en Masa y Poder, la mano del otro puede ser caricia o garra. La mayoría de las veces es lo segundo. Si consigues que una sola persona te quiera incondicionalmente ya puedes considerarte afortunado. En mi caso es mi madre, y si en tu caso también es así, como suele ser normal que fallezca antes que tu, será toda una tragedia. O peor aún, tener que ver como la vejez la degrada. Con el paso del tiempo es duro aceptar que tus enamoramientos no son más que quimeras, y que la amistad , algo sin duda hermoso, es también sólo pasajero. Y eso te puedo asegurar no lo salva vivir mucho tiempo en el mismo sitio. Casi todo el mundo, por hacer alguna exclusión esperanzadora, está realmente muy solo y perdido. Algunos hasta se casan creyendo que eso les va a evitar la terrible soledad, cuando la soledad compartida es hasta peor. Donde hubo enamoramiento, si lo hubo, se convierte en poco tiempo en inercia, aburrimiento, y a veces ni siquiera amistad: la reglamentación, o peor aún, la institucionalización de una relación  suele indefectiblemente acabar con ésta. Después sólo queda acusar al otro, y como parece estar de moda, aniquilarlo y suicidarse, una cosa muy romántica. El romanticismo parece que nunca se pasó de moda. Es más, es que eso mismo de las modas pertenece al ideal romántico de la eterna insatisfacción muy rentable económicamente. El motivo principal de que se fomenten, como todos los uso y tiro.

Existe eso sí  ideales que aunque no pertenezcan a este mundo intentamos ubicarlos en alguna parte. Y el amor a los animales que creemos que es también recíprocamente incondicional, algo que nunca me terminé de creer, y como mucho en los perros pero porque son serviles hasta lo repulsivo.Cada vez estoy más convencido que el amor en mayúsculas sólo es posible cuando se aplica en abstracto; cuando no se personaliza. Cuando no se exige nada de él, simplemente se da. Hacer las cosas por amor al contrario de como se suele pensar produce gran placer, así que puede ser un acto egoísta pero de los pocos positivos y constructivos. El amor cuando se personaliza es también egoísta pero muy cobarde y doloroso. El amor al clan, al grupo, es también un amor personalizado. Y como todo amor de ese tipo, aunque pueda no parecerlo, jamás es incondicional. Inmerso en relaciones de poder siempre es una excusa para otras cosas. Sólo se salva el amor de una madre hacia su hijo no siempre correspondido, y si correspondido jamás en la misma medida a veces inconmensurable. Mas el amor de la madre hacia su hijo tiene una componente biológica que casi podemos situarla en lo instintivo junto al sexo. Biológico en un sentido amplio del término ya que una madre no biológica también puede dar ese amor a su hijo. Y sobre todo a su hijo más que a su hija. He conocido pocas madres, incluso de sociedades poco o nada machistas, que no den ciertos privilegios afectivos a sus hijos, sobre todo si es un hijo, por encima de sus hijas. Con los papás suele ocurrir lo contrario, mostrándose como se mezcla lo sexual con lo afectivo, pero, ¿cuándo no? Yo mismo que no tengo hijos, me parecen como a Lewis Carrol más interesantes las niñas que los niños. Hubiese escrito una mujer ''Alicia en el país de las maravillas'' donde el único niño es un cerdito impertinente y egoísta?? Tal vez sí pero no de la misma forma. He conocido a madres lesbianas que tratan a sus hijos con privilegios afectivos aunque en algunos casos les cueste reconocerlo porque suele ser casi inconsciente.

Mi afectos impersonales son hacia cosas como la música, o el cine, o los libros, además de unas de mis mayores fuentes de placer. Se puede experimentar las sensaciones que te producen en privado en casi todo momento. La calidad del sonido es importante, pero lo más importante es la calidad de la música, o las películas o los libros, su autenticidad, su vitalidad, las emociones que te transmitan. Ahora escucho a Skip James con su voz aguda, y aunque es en formato reducido Mp3, disfruto mucho y termino amando ese concepto tan impersonal pero a la vez concreto de Humanidad que  creó la belleza de tantas cosas como esas

jueves, 14 de marzo de 2013

La pelona.


   La conciencia de la muerte del ser humano no consigue evitar su misterio. Es una idea más que una sensación. De lo poco que puede ser considerado 'cartesiano' en la medida que es un idea separada de cualquier sensación física: si estás muerto, ya no piensas sobre la muerte, y sólo lo piensas porque estás vivo.      
    La única sensación cercana es empática: sientes algo extraño cuando ves en el otro tu inevitable futuro, pero sólo en ese caso, puesto que también se puede ver el cadáver de otro sin ninguna clase de empatía.
    El funeral de un familiar no demasiado cercano pero conocido es siempre preferible dentro de lo desagradable del suceso. Si es demasiado cercano, o bien si es de alguien querido, la angustia no te hace percibir la realidad de modo lo suficientemente distanciado como para que puedas reflexionar sobre todo lo que ocurre a tu alrededor. Estás como ido; no estás del todo dentro del ritual. No puedes olvidar esa terrible despedida a no ser que estés muy narcotizado, que es lo que hace mucha gente. En un funeral de un casi extraño o extraño, percibes el dolor ajeno y te puede afectar, pero nunca lo vives con demasiada intensidad por aquello de la vieja máxima latina que decía que se puede entender el dolor de otro pero sólo él lo siente. Estuve en uno de esos no hace mucho. El del marido de mi hermanastra. Y si ya las relaciones hasta con mi hermana son muy distantes, y con mi hermanastra nulas, con el esposo de mi hermanastra eran casi limitadas a una maqueta de coche que me regalaba en Navidad porque nunca se enteró de que no me gustan los coches, ni siquiera reales. Era un tipo que estoy casi convencido que falleció muy joven debido al aburrimiento, que es más mortal de lo que parece. Mi hermanastra no es precisamente una belleza, y aunque no dudo que sea buena persona, alberga cierta mezquindad propia de mucha gente de entornos rurales; una especie de desconfianza connatural hacia todo lo que no sea para ella ''normal''. Su marido obviamente se había casado con ella porque era buen partido ya que heredó un negocio del padre, mi padrastro. Pronto, como era de esperar, se cansó de un trabajo monótono y sufrido de panadero. Y para justificar ante ella y los otros panaderos sus ''absentismos laborales'' se fue inventando distintas enfermedades que se volvieron reales, y hasta empeoraron, llevándolo a la muerte. Fue rápido según me   contaron. Falleció en un hospital en la última  visita. No estaba ni siquiera ingresado que es lo verdaderamente terrible. Lo visitaba por tiempos cortos. Se despidió de todo el mundo por su propio pie y regresó acostado. No hubo más, salvo un mortífero cáncer que le estuvo comiendo literalmente las entrañas a gran velocidad ascendente e imparable. Después estaba allí, en una caja de madera brillante y cerrada, con una pequeña ventanita acristalada por la cabeza, tapada con un pañuelo espantosamente feo. Así de simple. Antes estaba vivo y ahora estaba muerto. Tieso como un palo, como una silla de aquellas que rodeaban su ataúd, o como su mismo ataúd. Había sido alguien, y ahora no era nada más que recuerdo sin referente real más que de un cuerpo yerto comenzando a descomponerse. Así de duro y sin retóricas por más velas y flores que hubieran a su alrededor y familiares y amigos. Por lo visto tenía más amigos de lo que yo creía y lo llevaron a hombros al cementerio. Me atreví a mirar a través de la ventanita apartando el pañuelo, y sólo vi la cara de un muñeco demasiado grotescamente maquillado. Ya no era él. No lo sentía como él. Si me hubiesen dicho que era un maniquí me lo creo.  Me llamó más la atención que la ya viuda le pusiera unas fotos familiares dentro de la caja. Me recordó, salvando las lógicas diferencias, a los egipcios que llenaban los sarcófagos de los faraones de objetos para que se los llevaran al ''otro mundo''. Y realmente envidio a quienes están convencidos de esos otros mundos. De las permanencias. Nunca me afectaron esas creencias que he percibido como absurdas desde mi más tierna infancia. Para mi han sido consuelos poco sólidos porque jamás he visto que detrás de esas creencias en otros mundos no hayan unos intereses muy de este mundo.
 

lunes, 11 de marzo de 2013

U OTROS.

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La variabilidad de comportamientos que todos y cada una de las personas de mi entorno desarrollan conmigo me es a veces extremadamente agobiante. Un mismo individuo puede ser muy cordial y a los segundo dejar de serlo. Desconozco si le ocurre a más personas, o por lo menos en esos extremos. Los demás son siempre un dilema para mí, hasta el punto que intento que no me afecte para que no me genere angustia.

No soy sin embargo, o creo, nada insociable, ni creo que carezca de habilidades sociales; al contrario, me resulta muy fácil, salvo en contadas ocasiones, relacionarme al menos verbalmente, con alguien que no he visto en mi vida antes. El ''desgaste'' siempre es con el tiempo más corto o más tarde de esas relaciones. Ya no trato por ello de comprender, ni de integrarme. Y si intento comprender es siempre desde el distanciamiento. Dejo que las cosas sigan su transcurso sin intentar forzarlas porque si no lo hiciera me sentiría muy agobiado y estresado. 

 

domingo, 10 de marzo de 2013

NADA PELMANECE HELMANITO!!

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Hay algo dentro de uno que creemos permanece ahí casi sin cambiar y que es ayudado por la memoria; se supone que es eso que llaman 'identidad'. Pero no sólo es una creencia, es una sensación. No acepta la muerte porque quiere convencerse a sí mismo a la manera de Parménides que todo permanece, aunque su experiencia le haga ver una y otra vez que no sólo no todo permanece, sino que nada permanece. Después está 'lo otro': el espejo. Y los más crueles espejos: los demás.  Algunas cosas comienzan a salirte donde antes no te salían y  otras que se caen donde antes no se caían,  descubres alguna arruga que empeora y te puede preocupar, pero sobre todo comienzan a tratarte de otra forma: te tratan de ''Don'' (o Doña si eres chica), de caballero o señorita, y toda una serie de epítetos supuestamente educados, los menos educados sólo te miran a veces con un distanciamiento que puede ser hasta molesto. Y se piensan más lo que te dicen en relación a otros, como si les estuvieras examinando. Ya parece que no hablan contigo por hablar, hablan contigo de manera supuestamente más seria, porque se supone que eres más serio. Y eso que personalmente la palabra seriedad siempre me ha parecido como poco sospechosa de ser sinónimo de aburrimiento.
Después de que estas situaciones se repitan demasiado, tomas consciencia de que algo ha pasado. Normalmente como ocurre siempre que tomas esa consciencia digamos de cambio, intentas retomar tu actitud hacia los demás. Como vivimos en una sociedad donde eso de ser joven es un valor en alza del que nadie quiere desprenderse intentas parecer joven, o lo que supones que es eso. Igual te da por cambiar de vestimentas, de afeitado si eres chico, o de peinados, por ponerte cremas, o hacer gimnasia. Y ya en casos graves puedes caer en el llamado ''complejo Peter Pan'' es decir, al no aceptar que ya se supone que no eres joven copias a los supuestos jóvenes y normalmente terminas haciendo el ridículo porque casi siempre se nota que es forzado. Otra alternativa es aceptar esa situación, algo que tendrás que hacer tarde o temprano porque siempre empeora, aunque en algunos casos se eterniza el complejo sino dejas de estar acomplejado.
Dado que eso de la juventud, concepto que nadie tiene demasiado claro y es sospechosamente mercantilista, no es el único valor importante en la relación humana, aunque le queda poco para serlo, si aceptas que no tienes porque ser siempre joven y moderno aunque te cobren más en el tranvía, te aceptas paralelamente tal como eres. Aprendes a descubrirte, a valorar tu experiencia, tus emociones reales, tu conocimiento adquirido. Aprendes también a desechar lo que consideras inútil, a relajarte, a no forzar nada. Si conoces la palabra ''estoico'' cobra un nuevo significado para ti.
Normalmente a esas edades se supone que ya tienes hijos, familia y todo eso. Pero son suposiciones más de otras épocas no posmodernas o más rurales. Hasta no hace mucho eso de la ''juventud'' era algo breve y pasajero, no tenía ningún privilegio, ni ocasionaba admiración o respeto. Y a los 30 años ya eras un señor o señora respetablemente aburrido a no ser que fueras del hampa, con un montón de hijos reconocidos y no reconocidos (no reconocidos si eres chico pues sino es difícil no reconocerlos) , y posiblemente hasta nietos. Hoy, nadie quiere tener hijos ni responsabilidades, y cuando se tienen se inventan excusas: que si el instinto, que si se va pasando la edad, que si otros también los tienen y no pasa nada... Ya no es algo ''natural'' como antes. El concepto familia desestructurada quiere olvidarse de que lo que está desestructurado es el mismo concepto de familia. Como todos saben eso mismo de desestructura o deconstrucción es muy posmoderno gracias a Derridá. Y por mucho que se intente valorar o sobrevalorar el ya viejo concepto, la sociedad mercantilista va por otro lado. Eso sí cuando llegan los momentos críticos se revalorizan siempre viejos conceptos como ese y todo lo que proporciona cierta sensación de arraigo, como también ''nación'' y ''Dios'' que no es casualidad que fueran los conceptos preferidos del fascismo italiano. Las mujeres y los hombres actuales ya conocemos más el concepto separación que el de familia, y los niños también lo conocen más. Casi desde la más tierna infancia aprendemos a ser oportunistas y a desconocer morales rígidas: con un padre cuando toca, con una madre cuando toca, y con unos abuelos que son como tus verdaderos padres  con  convenciones más rígidas. Da igual si los padres son dos padres o son dos madres; aunque el sexo de tus ascendentes protectores sea el mismo se repiten los mismos esquemas. Los nuevos modelos de familia que poco a poco se van a asentando en algunas sociedades repiten lógicamente las mismas pautas sociales. O sea, los individuos ya somos educados fragmentariamente también en lo emocional como la misma sociedad en la que vivimos. Algo por supuesto muy beneficioso para el mercado. Lo cual no quiere decir que las familias tradicionales fueran un cúmulo de virtudes. Era todo lo contrario. Aún es un misterio cuál puede ser la sociedad no ya perfecta, sino que no ocasione al menos tantas taras mentales. Algunos han querido buscarlas en sociedades perdidas y otras idealizaciones varias, pero dudo mucho que no sean más que romanticismo. La socialización es una necesidad, y da sentidos y propósitos a las personas, pero no siempre felicidad. Lo que ocurre es que la soledad no lo compensa. El día, y queda poco, que las máquinas te introduzcan del todo en un mundo virtual perfecto producirá más estragos que la heroína. Porque esto es lo más alejado de la perfección que conozco. Y siempre tiene que haber algún desgraciado que te lo recuerde. 
 

viernes, 8 de marzo de 2013

Sweet home but no Alabama.

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   Mis vecinos son de tres clases: unos llevan poco tiempo, otros un poco más, y algunos como yo mucho tiempo en el mismo edificio. Yo soy el del tercero derecha como si pareciera que no puede ser de otra forma. Vivía allí con mi familia perfectamente monoparental que se fue marchando hasta quedarme solo. Mi padre fue el primero que se marchó pero sin posibilidades de regreso no al edificio sino al mundo. El edificio tendrá algo más de 50 años con cuatro plantas sin ascensor, paredes poco sólidas, y unas formas cuadriculadas como de país del este ya que fue de protección oficial de los sesenta con colores horrendos que han pasado del verde y blanco carcelario a un rojizo chillón espantoso. Aunque en un principio lo llamaban ''barriada'' y ahora ''comunidad'' no deja de ser por suerte lo que es, con ropas tendidas bien visibles y de colores tendidas en los balcones, conversaciones entre vecinos en la escalera y las ventanas, y gritos de niños en un patio interno. Por la parte trasera hay aún una hermosa y amplia vista al mar, y por la delantera había otra hermosa vista hasta que construyeron unos horrendos bloques de cemento habitado. Dos balcones, uno hacia el patio interno que además es un aparcamiento descubierto, y otro balcón que da hacia una calle no demasiado ancha ni concurrida cercana a una horrenda fuente sesentera y una pequeña ermita no del todo fea de 1917.

Aunque soy de los pocos que llevan toda su vida habitando el edificio y ya van siendo años, sin embargo no he perdido mi mala reputación vecinal ya que algunos creen que monto orgías continúas, me drogo hasta las cejas, estoy en alguna secta rara y llevo vida cuando menos disipada. Ciertamente a ello ha contribuido mis cabellos hasta el otro día bien largos, mi total despreocupación por vestimentas y apariencias, algunos amigos visitantes no demasiado convencionales, alguna que otra fiesta con música roquera, y sobre todo mi absoluta dejadez por los temas de la comunidad que reconozco ha sido excesiva. Si añadimos a eso que en épocas adolescentes alguna vez me visitó la policía municipal por hacer pintadas contra el alcalde casi perpetúo de donde vivo, y algún que otro olor a humos extraños marihuaneros, no me extraña nada.

Los vecinos más ancianos o han muerto, o han sido suplantados por otros. Justo la que vivía enfrente de mi, ya casi familiar, fue engañada por sus hijos (me enteré hace poco y hace ya tres años) y la mandaron a un asilo. Ahora vive ahí una familia cubana de alquiler que fue llegando poco a poco y ahora resulta que es casi numerosa con unas hijas guapísimas que pasan más de mi que de Fidel Castro. Al principio el marido intentó intimar conmigo, pero viendo que era un imposible, desistió en el intento al poco tiempo y mira que lo intentó. Hasta me tocó el timbre a altas horas de la madrugada creo que bajo los efectos de algunas cervezas, porque se ve que traga, se escondió, y luego salió a la escalera aparentando susto diciéndome que también le habían tocado a él. No obstante esa sería la época que tampoco conocía al resto de los vecinos, ya que por la cara que me pone cuando nos cruzamos me da que ya ha sido  bien informado de mi excelente reputación vecinal.
Justo en el piso de arriba vive una señora fanática religiosa con su hija que desde muy temprano pone ''Radio María'' con sus rosarios interminables a bastante volumen. Y enfrente de ellas, el más joven de los vecinos, que aunque se lo monta mejor que yo y cada cierto tiempo cambia de novias con sus respectivas peleas y cajas de mudanza  bajando por la escalera a trompicones salpicado con gritos, no sé cómo lo consigue pero no está tan mal visto. Si hace una fiesta y se oye la música en toda la calle, cuando aparece la policía siempre me toca el timbre primero a mí. Y por supuesto al día siguiente para el vecindario el del escándalo siempre fui yo.

Debajo de mi vive una solterona bastante poca agraciada que vive sola como yo y que de vez en cuando es visitada por su simpática y adolescente sobrina, que es la única que me saluda si la encuentro por la escalera, pero creo que no por demasiado tiempo ya que no hace mucho tuve un altercado con la tía por un asunto de cañerías comunes. Al lado una pareja joven con una niña aún bebé y rostro de amargados. Y los del primer piso  llevan el mismo tiempo que yo en el edificio. En un lado una familia de gritones, hasta tal punto que me extraña cuando no los oigo gritar desde la puerta. Y al otro, otra familia numerosa pero exclusivamente femenina salvo el padre de todas. Nunca supe cuántos la componían sobre todo cuando las hijas se reprodujeron por doquier. En mi imaginación siempre creí que había sido el patriarca, reproductor de todas ellas, incluido su esposa, un personaje de trato, al menos conmigo, absolutamente avinagrado.

Aún con todo, es un hueco de aislamiento necesario. El 'hogar dulce hogar' al que siempre se regresa-

 

LOS DOS TIEMPOS.

 
  Sólo hay dos tiempos: uno que pasa sin que te enteres o casi, y otro altamente significativo. Éste último es el menos común pero el único que te hace sentirte vivo.  Por otra parte no quiere decir que sea siempre agradable y precisamente por eso los intentamos evitar. Preferimos ese otro tiempo ''burgués'', plácido, supuestamente controlado de ocaso o crepúsculo, jamás algo completo del que nos podamos arrepentir.
Este blog hablará de mis tiempos significativos reales o irreales, jamás de los que pasan.