Vistas de página en total

domingo, 21 de abril de 2013

Siempre paso por un lugar por donde de vez en cuando salto un pequeño muro  y robo unas cuantas sabrosísimas naranjas  de un huerto de fácil acceso. El otro día descubrí que conocía al que cuidaba el huerto porque se me acercó, por  suerte cuando aún no había entrado, y hablamos. Fue una situación un tanto surrealista ya que exageraba cuando decía que le habían robado 25  kilos de naranjas cuando aquellos naranjos no llegaban ni a los 3 kilos. La conversación se hizo cada vez más absurda  sobre todo cuando intentaba convencerlo de que quizás debería vallar la huerta o tener perros por la zona cuando me decía alterado que iba a utilizar, según el, una escopeta contra los ladrones que creía eran varios.  
Es muy difícil poder lograr charlar  en algún momento de tu vida  con aquel que consideras amenaza sin que lo sepa, y verlo todo desde su perspectiva.  Aunque aquel encuentro fue casual, me hizo sentirme un poco culpable, a pesar de que la huerta estaba bastante abandonada  por mucho que dijera su cuidador. Hasta tal punto, que no volví a robarle las sabrosas naranjas que aún quedan desde hace mucho tiempo sin recoger,  y eso que no creo que ponga perros y que tenga una escopeta...

A veces la empatía no es buscada sino encontrada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario