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viernes, 8 de marzo de 2013

Sweet home but no Alabama.

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   Mis vecinos son de tres clases: unos llevan poco tiempo, otros un poco más, y algunos como yo mucho tiempo en el mismo edificio. Yo soy el del tercero derecha como si pareciera que no puede ser de otra forma. Vivía allí con mi familia perfectamente monoparental que se fue marchando hasta quedarme solo. Mi padre fue el primero que se marchó pero sin posibilidades de regreso no al edificio sino al mundo. El edificio tendrá algo más de 50 años con cuatro plantas sin ascensor, paredes poco sólidas, y unas formas cuadriculadas como de país del este ya que fue de protección oficial de los sesenta con colores horrendos que han pasado del verde y blanco carcelario a un rojizo chillón espantoso. Aunque en un principio lo llamaban ''barriada'' y ahora ''comunidad'' no deja de ser por suerte lo que es, con ropas tendidas bien visibles y de colores tendidas en los balcones, conversaciones entre vecinos en la escalera y las ventanas, y gritos de niños en un patio interno. Por la parte trasera hay aún una hermosa y amplia vista al mar, y por la delantera había otra hermosa vista hasta que construyeron unos horrendos bloques de cemento habitado. Dos balcones, uno hacia el patio interno que además es un aparcamiento descubierto, y otro balcón que da hacia una calle no demasiado ancha ni concurrida cercana a una horrenda fuente sesentera y una pequeña ermita no del todo fea de 1917.

Aunque soy de los pocos que llevan toda su vida habitando el edificio y ya van siendo años, sin embargo no he perdido mi mala reputación vecinal ya que algunos creen que monto orgías continúas, me drogo hasta las cejas, estoy en alguna secta rara y llevo vida cuando menos disipada. Ciertamente a ello ha contribuido mis cabellos hasta el otro día bien largos, mi total despreocupación por vestimentas y apariencias, algunos amigos visitantes no demasiado convencionales, alguna que otra fiesta con música roquera, y sobre todo mi absoluta dejadez por los temas de la comunidad que reconozco ha sido excesiva. Si añadimos a eso que en épocas adolescentes alguna vez me visitó la policía municipal por hacer pintadas contra el alcalde casi perpetúo de donde vivo, y algún que otro olor a humos extraños marihuaneros, no me extraña nada.

Los vecinos más ancianos o han muerto, o han sido suplantados por otros. Justo la que vivía enfrente de mi, ya casi familiar, fue engañada por sus hijos (me enteré hace poco y hace ya tres años) y la mandaron a un asilo. Ahora vive ahí una familia cubana de alquiler que fue llegando poco a poco y ahora resulta que es casi numerosa con unas hijas guapísimas que pasan más de mi que de Fidel Castro. Al principio el marido intentó intimar conmigo, pero viendo que era un imposible, desistió en el intento al poco tiempo y mira que lo intentó. Hasta me tocó el timbre a altas horas de la madrugada creo que bajo los efectos de algunas cervezas, porque se ve que traga, se escondió, y luego salió a la escalera aparentando susto diciéndome que también le habían tocado a él. No obstante esa sería la época que tampoco conocía al resto de los vecinos, ya que por la cara que me pone cuando nos cruzamos me da que ya ha sido  bien informado de mi excelente reputación vecinal.
Justo en el piso de arriba vive una señora fanática religiosa con su hija que desde muy temprano pone ''Radio María'' con sus rosarios interminables a bastante volumen. Y enfrente de ellas, el más joven de los vecinos, que aunque se lo monta mejor que yo y cada cierto tiempo cambia de novias con sus respectivas peleas y cajas de mudanza  bajando por la escalera a trompicones salpicado con gritos, no sé cómo lo consigue pero no está tan mal visto. Si hace una fiesta y se oye la música en toda la calle, cuando aparece la policía siempre me toca el timbre primero a mí. Y por supuesto al día siguiente para el vecindario el del escándalo siempre fui yo.

Debajo de mi vive una solterona bastante poca agraciada que vive sola como yo y que de vez en cuando es visitada por su simpática y adolescente sobrina, que es la única que me saluda si la encuentro por la escalera, pero creo que no por demasiado tiempo ya que no hace mucho tuve un altercado con la tía por un asunto de cañerías comunes. Al lado una pareja joven con una niña aún bebé y rostro de amargados. Y los del primer piso  llevan el mismo tiempo que yo en el edificio. En un lado una familia de gritones, hasta tal punto que me extraña cuando no los oigo gritar desde la puerta. Y al otro, otra familia numerosa pero exclusivamente femenina salvo el padre de todas. Nunca supe cuántos la componían sobre todo cuando las hijas se reprodujeron por doquier. En mi imaginación siempre creí que había sido el patriarca, reproductor de todas ellas, incluido su esposa, un personaje de trato, al menos conmigo, absolutamente avinagrado.

Aún con todo, es un hueco de aislamiento necesario. El 'hogar dulce hogar' al que siempre se regresa-

 

1 comentario:

  1. Puf, menudo vecindario. Aunque será, más o menos ruidoso, como el de todo el mundo. Colega, vivimos en comunidad!!!!

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