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sábado, 28 de septiembre de 2013

ESPECIALISTAS Y DILETANTES; OPORTUNISTAS Y FANÁTICOS


El auge de los especialistas va a la par que el de los analfabetos funcionales, así que puede ser sospechoso de ser otra clase de analfabetismo funcional menos evidente. El especialista, que lo puede ser de varias cosas, centra tanto su esfuerzo intelectual en su especialidad o especialidades, que luego se le escapa todo lo demás, o bien no le presta atención. A él van dirigidos todos esos libros tan en boga también especializados. Además, cómo no, se siente especial y los que no dominan su lenguaje especializado le alimentan esa sensación y muchas veces hasta le pagan por ella.
Entre el especialista y el diletante podría haber todo un abanico de posibilidades que se oscurecen cuando proliferan ambas formas de entender el conocimiento. Es comparable a otros matices de las sociedades que Bauman llama ''líquidas'': oportunismo o fanatismo, vemos muy pocos matices en la mayoría. 
 

viernes, 16 de agosto de 2013

El ''Ser'' y el estreñimiento.


En primer lugar es difícil saber que significa eso de ''estar bien'' que se suele preguntar por ahí más por un asunto protocolario que porque tenga algo de significado para el que te lo pregunta. ''Te encuentras bien'' que también se pregunta tendría más sentido. Recuerdo que en el castellano existe la peculiaridad de diferenciar ''el ser'' del ''estar'', dos verbos muy auxiliares, pero en este caso se confunden, o bien se quieren confundir; ''estar bien'' es como decir ''ser bien'' (encontrarte bien), o sea una situación más existencial que concreta, como de disfrutar de un estado de bienestar que es otra vez confundir palabras pues debería ser ''bienser''que no existe en castellano. 
Sin embargo a pesar de esta peculiaridad  de diferenciar el ''ser'' del ''estar''como verbos, al contrario de otras culturas no les ha dado por rebanarse mucho los sesos con esa cosa del ''Ser''. ¿Un equivalente de Heidegger podría ser Ortega y Gasset? Pues me da que no. Ortega es realmente más vital que el otro que era más de cabaña y cantos de la tierra... desde el interior de la cabaña. Así que yo diría que en castellano a pesar de esa diferenciación lingüística, no existe un paralelo en el pensamiento no tan sólo académico, sino hasta popular. Nadie piensa sobre el ''Ser'' o algo que se le parezca cuando ''está'' tomando el sol en una terraza de verano, y también un alemán de visita, sobre todo ellos. El ''Ser' parece ser una cosa de encierros externos e internos y soledades grises melancólicas. Pero en Grecia también era pensado el ''Ser'', otro país de mucho sol, mas hablamos de la Grecia clásica muy diferente de la de hoy. Y quizá no hablamos siquiera de la Grecia clásica sino de la Atenas clásica que era algo bien distinto de lo que tenía en derredor.
    En suma, cuando se está bien, no se piensa en el ''Ser'', porque pensar en el ''Ser'' inmediatamente te lleva a pensar en la muerte como Heidegger, que a propósito siempre me pareció por sus fotos un estreñido; como si estuviera molesto con algo interno que no pudiera expulsar y que le amargaba la vida volviéndolo pensamiento. Su mismo bigote es una especie de síntoma de bigote de estreñido, pequeño y debajo de la nariz, tan hitleriano, otro estreñido sin duda. Los estreñidos siempre están pensando en expulsar, en depurar, en limpiar, como es lógico. Es su obsesión. Esa y la de devorar ''espacio vital'' para tener un lugar tranquilo donde cagar demorándose lo que se quiera sin que nadie moleste. Les encanta por ello también los espacios vacíos, las soledades, los individualismos, y cómo no, el tiempo, que no es más que tiempo de espera que da mucho juego a las posibilidades de pensamiento. Tal vez si Heidegger y Hitler no hubieran sido estreñidos no hablaríamos de ellos. En el caso del segundo sería una suerte, pero en el caso del primero tal vez no tanto. El Ser y el Tiempo sin duda es un gran libro, pero le faltó añadir ''y el espacio''. No obstante el que conoce la obra sabe que aunque no aparezca en el título el concepto ''espacio'' ocupa una parte importante de la misma.
Así que la próxima vez que me pregunten si estoy bien les contestaré: ''Sí, y además cago muy bien''. Seguramente no me entenderán, pero yo sí que es lo importante.

viernes, 7 de junio de 2013

Papi pataslargas.

Las arañas son insectos, y en general los insectos no son animales que suelan despertar mucha empatía. Y ciertamente algunos pueden transmitir enfermedades, pero hasta un animal doméstico puede transmitirlas. La gente besa el hocico de sus perros que antes es posible que hayan olido mierda sin ningún problema, o se deja lamer cuando desconocemos por donde habrá pasado el animal la lengua que puede ser lo mismo, y luego dicen que los insectos son asquerosos. Los insectos, más incluso que los gatos, siempre se están acicalando. De pequeño hice cosas inmundas con las moscas y ahora me arrepiento; era una especie de moda infantil masculina. Una forma de sentirse poderoso con un pobre, diminuto e indefenso ser vivo. Una cobardía y crueldad sin nombre que no la justifica la infancia, ni ninguna otra crueldad. Actualmente respeto mucho a los insectos salvo a unos que se comen la ropa y los libros. Sé que lo hacen por supervivencia no por maldad, pero no puedo evitar  enfadarme. Aunque debo admitir que destrozando algún que otro libro despreciable me hayan hecho un favor sin buscarlo. También los mosquitos me parecen  odiosos pero de la misma manera egoísta; debiera ofrecerles mi sangre y aguantar la molestia, además los mosquitos de por aquí son totalmente inocuos, nada de malaria y esas cosas. Pero no tengo madera de santón masoquista. Si veo alguno si puedo lo aplasto con sumo placer. Así que por ello me gustan sobre todo las arañas que se los comen. De los insectos domésticos son sin duda mis preferidos. Son el equivalente al  felino en insecto: sólo comen, duermen (o más bien se quedan quietas porque en ellas es siempre un misterio si hacen una cosa u otra) largas horas, y fornican a la manera de la araña donde el macho siempre tiene las de perder pues o fornica y muere, o sólo muere en el intento. La primera alternativa tampoco es muy atrayente que digamos pero al menos es mejor que la segunda. Dadas esas condiciones me da que su vida sexual no es precisamente muy promiscua, sobre todo la del macho. La vida sexual de los insectos es así de extraña y extrema. Y  su vida en general. Tal vez tenga que ver conque la mayoría llevan el esqueleto por fuera, su exterioridad es pura armadura y su interior todo lo contrario. A los animales como nosotros nos sucede lo opuesto en todos los sentidos: de tanto ser blandos por fuera terminamos siendo una coraza por dentro. Mis arañas preferidas son las caseras de patas largas. Los ingleses las llaman 'Dady Longlegs', o sea, Papá Pataslargas, casi como Pipi Calzaslargas. Sus telas de araña al contrario de otras de otros tipos de araña que suelen ser muy hermosas y armoniosas, en su caso son de lo más chapuceras: parecen más bien estelas sucias malformadas que cuelgan de todas partes, tal vez porque al contrario también de otras no paran de moverse. Son como arañas nómadas. No obstante tienen la misma particularidad  que el resto de las telas de araña: cuando les da la luz brillan con una intensidad cuasimágica pero depende de lo cubiertas que estén de polvo que suele ser considerable y muchísimo más que el resto de las telas. También cuando llueve y se llenan de gotitas de agua brillan con el sol pero nunca son tan hermosas como el resto, además casi siempre hacen sus telas en el interior de oquedades o en espacio cubiertos; son tan “domésticas” como les permitan. Yo les permito mucho, tanto así que mis visitas hasta pueden molestarse. No entienden que si los gatos matan ratones que por suerte no tengo en mi casa, ellas me matan mosquitos y otros bichos volantes  así que no suelo quitarles las telas, salvo que lleven desalojadas mucho tiempo, cosa común porque nunca permanecen demasiado tiempo en las misma. Las arañas montan su red y esperan, no se estresan demasiado. Y hasta la “pataslargas” que se mueve mucho, cuando se queda embarazada busca su hueco, hace su nido y espera. Al nacer sus arañitas se la comen, y tras el único banquete familiar y parricida se disgregan para volver a repetirlo todo de nuevo: polvo violento con asesinato del macho, embarazo seguro de múltiples hijos, y banquete parricida. No obstante no todas, porque muchas terminan secas colgadas de una tela, y son, o machos no devorados por las hembras fecundadas porque no lo han intentado o no han encontrado pareja, o hembras que no encontraron quien las fecundara y en consecuencia hijos que las devoraran. Es una cosa como el final del Satiricón de Fellini, una vieja costumbre latina: el fallecido sólo ofrecía la herencia con la obligación de que se comieran su cadáver.

lunes, 3 de junio de 2013

Siempre tendrás algo a lo que amar.

 Quién puede decir que amó una vez. Pero de verdad, no esa especie de romanticismo idiota que te hace creer que se dan unas cosas que no se dan. Sentirse correspondido, todo eso que te hace vibrar con el abrazo del otro. Muy pocos. La mayoría no puede decirlo aunque igual lo niega porque queda mal reconocerlo. En mi caso han sido sólo momentos puntuales. La memoria te engaña para hacerte el recuerdo más grato si es lo que buscas, porque si buscas lo contrario también. En mi memoria hay momentos de correspondencia emocional mezclados con momentos de confusión, nunca esa sensación libre de la confusión. Hasta tal punto, que he llegado a pensar que eso de amar es una sensación subjetiva que se puede aplicar a cualquier experiencia igual que la contraria. Así que también la situación ayuda mucho: que una persona se interese y se acerque a ti por primera vez ya anima mucho la cosa aunque a continuación todo sea desastroso. A mi me aburre ya la gente, y en consecuencia el otro. Casi puedo decir que lo veo venir casi todo; o bien creer que sé lo que va a venir contribuye a que ocurra. Sea lo que fuere, sucede, y me aburre. Ya no busco arraigos ni correspondencias, pero como todo ser humano eso no quiere decir que no tenga mi carga sentimental necesitada de afecto. Pero mostrarla te lleva, al menos en mi caso, irremediablemente a ser utilizado por ello. La mayoría, casi instintivamente, cuando ven debilidad ven una víctima y la utilizan. Hasta yo mismo tal vez lo haga con otros sin ni siquiera ser consciente; sólo lo soy si lo hacen conmigo.  Quizá todo mi problema es que no estoy centrado, nunca lo estuve, soy un excéntrico crónico. Y lo peor, me siento bien siendo un excéntrico crónico a pesar de conocer sus fatales consecuencias. La palabra “centrarse” o “responsabilizarse” me recuerdan demasiado a otra palabra, la de “aburrimiento”. Pero por otro lado reconozco que es necesario hacerlo de alguna manera tanto por uno como por los demás, a los que a nivel genérico estimo más que uno por uno. Últimamente las pequeñas cosas me ocasionan momentos de felicidad imprevisible que es una forma de enamoramiento, y me gusta. Quizá lo intente suplir de esa forma. Me encanta escribir o leer a altas horas de la madrugada, enchufarme a Internet que puede llegar a ser una adicción, preparar un plato que me resulte exquisito o beber una cerveza o vino de calidad. Salir a dar una vuelta en bicicleta también a altas horas de la madrugada escuchando música mientras te da la brisa en la cara. Robar naranjas sabrosísimas en una huerta más arriba de mi casa. Escuchar blues en un tocadiscos o canciones de los años 40 y 50 mientras tomo el sol tirado en el balcón. Darme un baño en un pequeño puerto pesquero cerca un día de sol, visitar una playita nudista o un charquito volcánico que forma una piscinita, muy agradables ambos sólo cuando no hay demasiada gente. Tomarme un té verde o un chocolate en los dos únicos lugares que conozco interesantes para ello: uno por su patio, y otro por sus libros y buena música. Aunque siempre hay algo que te tiene que fastidiar a veces esos momentos placenteros, aún así sigo disfrutándolos e intento no angustiarme por pasados, presentes o futuros.

Siempre hay alguna chiquilla que a uno le gusta, pero son cada vez menos. El atractivo sexual es una cosa y otros tipos de atractivos son otra. Si se dan los dos perfecto, pero son pocos los casos. En este momento sólo me siento atraído por dos de esa forma y ambas tienen novio que además son agradables y buenas personas. Y aunque así no fuera, no creo que aspirara  más que a recibir de ellas su educación, que ya es de agradecer al menos, por lo que lo de los novios me viene bien como excusa para no admitir mi incapacidad de parecerles a ellas atractivo en un sentido o en otro. Y mucho menos en los dos. Aunque todo es posible siempre. Lo bueno y lo malo de vivir es precisamente eso.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Ray Charles y la ignorancia.

No creo que haya una persona que deteste tanto la ignorancia, hasta la mía propia, como yo. Tanto así que siempre intento que todo lo que diga sea entendido, y hago al menos el esfuerzo para ello si veo que hay predisposición por la otra parte claro, porque a veces es imposible. Pero sin embargo reconozco que la ignorancia de otros a veces me ha beneficiado y en muchos casos sin buscarlo. El caso que más recuerdo es el de un concierto de nada menos que Ray Charles. El genio ya fallecido vino hace muchos años a Tenerife, y fue la primera y la última que estuvo en Canarias. Lo conocía pero era casi adolescente y para mí fue un poco aventura trasladarme a 30 kilómetros de donde vivía para verlo, pero tenía un inconveniente: no tenía dinero para la entrada. Me conformaba con oírlo por fuera. Tuve la suerte de que antes de Ray Charles tocaba un grupo local horroroso y una pareja salió aburrida y me regaló la entrada. Me da a mi que no tenían ni idea de lo que se iban a perder, pero aquel concierto fue de los mejores que he visto en mi vida, y he visto muy buenos también en ese estilo como a Miles Davis y Oscar Peterson, todos fallecidos y también fantásticos, pero el de Ray fue una maravilla. Muchos años después estaba en un ''ciber'' y leyendo la prensa virtual me enteré que había fallecido. Salí del 'ciber' y no pude evitar decirle a una pareja que pasaba por la calle, y que no conocía, que se había muerto Ray Charles. Fue algo instintivo que me trasladó a ese otro momento de la otra pareja que muchos años atrás me había regalado una entrada para verlo; como una especie de intento inconsciente de enmendar aquella ignorancia que me benefició. En este caso la chica de la pareja sí sabía quien era Ray y los dos nos miramos con complicidad sin conocernos y ella contestó con media voz muy sentida: ''Joer qué putada''. Ya lo creo le contesté, yo lo vi aquí mismo en La Laguna hace un montón de años...

domingo, 5 de mayo de 2013

Soledad.


La noche es noche porque si pertenece a una intranquilidad es a la interna, a no ser que vivas en el medio de una ciudad que nunca duerme. La soledad es nocturna. A algunos por eso les gusta estar acompañados a esas horas, incluso les aterra no estarlo. Pero siempre, te guste o no, debes enfrentarte con tu soledad, así que es mejor estar acostumbrado. Con la soledad, con la oscuridad y con la noche. Y ojalá fuera la ''Noche Oscura'' de la que hablaba Juan de la Cruz.
En cierto momento andaba yo en un barco algo somnoliento y mareado intentando que la brisa marina me relajara un poco. El trayecto no era largo y tampoco andaba el mar demasiado revuelto, pero yo sí andaba un tanto revuelto interiormente tumbado boca arriba sobre un banco de madera de la cubierta. Apareció una muchacha y se sentó a mi lado. Casi no hablaba, era yo el que le hablaba sin parar. Le regalé hasta una copa que llevaba encima por no sé qué extraño motivo que no recuerdo. Después de varias horas disfrutando de su compañía serena, casi silenciosa si no fuera porque de vez en cuando asentía con la cabeza o respondía con algún monosílabo, y sobre todo de su belleza, al despedirse me dijo sólo dos cosas: que era uruguaya y se llamaba Soledad. Sin lugar a dudas tomé aquella experiencia también como un metáfora.  

domingo, 21 de abril de 2013

Siempre paso por un lugar por donde de vez en cuando salto un pequeño muro  y robo unas cuantas sabrosísimas naranjas  de un huerto de fácil acceso. El otro día descubrí que conocía al que cuidaba el huerto porque se me acercó, por  suerte cuando aún no había entrado, y hablamos. Fue una situación un tanto surrealista ya que exageraba cuando decía que le habían robado 25  kilos de naranjas cuando aquellos naranjos no llegaban ni a los 3 kilos. La conversación se hizo cada vez más absurda  sobre todo cuando intentaba convencerlo de que quizás debería vallar la huerta o tener perros por la zona cuando me decía alterado que iba a utilizar, según el, una escopeta contra los ladrones que creía eran varios.  
Es muy difícil poder lograr charlar  en algún momento de tu vida  con aquel que consideras amenaza sin que lo sepa, y verlo todo desde su perspectiva.  Aunque aquel encuentro fue casual, me hizo sentirme un poco culpable, a pesar de que la huerta estaba bastante abandonada  por mucho que dijera su cuidador. Hasta tal punto, que no volví a robarle las sabrosas naranjas que aún quedan desde hace mucho tiempo sin recoger,  y eso que no creo que ponga perros y que tenga una escopeta...

A veces la empatía no es buscada sino encontrada.